25 may. 2010

El poema que cayó a la mar

Ester Sánchez y Aurelio González Ovies saben decir desde dentro la palabra mar.

Y los dos poseen el pulmón pleno de sueños para bucear en las profundidades del poema.

Su libro ilustrado de 2007, El poema que cayó a la mar, marcó el inicio de una generosa colaboración entre un poeta y una ilustradora que al lado de su hermana Ángela impulsa desde la asturiana Editorial Pintar-Pintar una colección que ha agitado las aguas de la poesía para niños en el ámbito hispanoparlante.
Aurelio González Ovies
Aurelio es dueño de una ensoñación poderosa. La dirija o no hacia la infancia, el efecto es el mismo: secuestra la sensibilidad desde las primeras líneas y desprevenidos nos confabula en el destino de ese poema que...

estaba tan abandonado,
se sentía tan solo, tan triste y tan mal,
que marchó del libro que sobre unas rocas
olvidó algún hombre después de pescar.


Ester Sánchez
Ya confabulados, nos sumergimos en el mar lleno de fábulas y nosotros mismos fabulosos, empezamos con el poeta a desgranar los alfabetos, a ver claramente ese poema que se pone de pie sobre las mayúsculas, se arranca las oes y usa prismáticos.

Y Ester a atraer olas y arena, a descomponer arena y olas en su naturaleza corpuscular para recomponerla, surcando las hojas del libro de una melodía muy dulce y pictórica, una salina niebla rota por naranjas muy crustáceos, verdesirenas y sepias sepias que se entintan a sí mismas, sobre la página generosa -como le gustan a Ester las páginas, como nos gustan- que extiende su horizonte en nuestras manos como el mismo fabuloso mar.




Fábula de mares, como la de Simbad y la de Ulises, el poema caído no va al encuentro de lo maravilloso que guardan las profundidades, porque -y éste es el secreto de los cuentos de siempre- él mismo es la maravilla que transforma lo que mira y lo que toca.
Cae y adquiere y otorga el don transformador de la palabra.
Cae e instaura el tiempo original, el Desde entonces... que viven los buzos lectores a los que les ha cambiado la mirada y, como Alberti siempre dispuesto mar a ver sirenas...
 
ven peces metáfora, adverbios coral,
delfines esdrújulos, pulpos monosílabos
y algas muy poéticas con rimas de sal.


Como en los cuentos de siempre, el Poema que cayó a la mar tiene la palabra encantada. Posee humor, un humor delicioso, pero es serio y bello como la ensoñación infantil, como su jugar misterioso.

Porque para soñar y para jugar bien hay que hacerlo en serio.

Entramos en los versos de este libro como en el sueño y en el juego: por un encantamiento. Los colores hablan y las palabras vibran, los peces de Ester miran con confiados ojos humanos, las gaviotas son tan maravillosas como las sirenas, el ingenio le da la mano a la melancolía y sumergidos en las aguas del sueño que brotan de este libro para niños nos quedamos encantados al conocer los secretos del encantamiento del mundo:

... y que algunas olas traen versos sueltos
que mojan los pies a la soledad.

Y como en los cuentos de siempre, al llegar al último verso, buceamos si no ha quedado alguna página por leer y queremos que nos lo cuenten otra vez... para volver a convertirnos con Aurelio y Ester en los  fabulosos confabulados  del Poema que cayó a la mar.

Aurelio González Ovies
El poema que cayó  a la mar
Il. Ester Sánchez
Editorial Pintar-Pintar
Oviedo, 2007

Imágenes: web de la Editorial Pintar-Pintar