5 may. 2010

Con las escritoras Mercedes Calvo y Maru Mendoza en la Ciudad de México


La poeta uruguaya Mercedes Calvo se encuentra en México impartiendo talleres de poesía que están haciendo historia. La aproximación vivencial que tiene Mercedes a la poesía, -algo natural en ella, que ha compartido con sus alumnos desde siempre- es una bocanada que refresca las técnicas a menudo estridentes con las que se pretende introducir al niño al poema.

Crear un espacio de magia íntima es lo que logra Mercedes con procedimientos tan sencillos como poéticos: hacer que el niño encuentre las posibilidades de su propio nombre jugando con las letras de la sopa. Así, ha obtenido respuestas de los niños que en sí son el poema, como la que nos comentó a Maru Mendoza y a mí en una tarde de inolvidable primavera que compartimos hoy en la Ciudad de México:

A un pequeño que estaba muy callado Mercedes le preguntó qué había encontrado en su nombre:

En mi nombre hay un eco.
Porque dentro de mí hay un señor.



Maru Mendoza Arrubarrena, con su calidez extraordinaria,  hizo de anfitriona brindando a Mercedes todo el sabor de la hospitalidad mexicana. ¡Hizo que probara salsa de chile pasilla! Con su fino sentido del humor nos hizo reír en los espacios de inteligencia que su conversación crea.
En la imagen, frente a una de las esculturas de Leonora Carrington en el  Paseo de la Reforma.



Mercedes y yo frente a una exposición fotográfica dedicada al estado de Michoacán, después de una maravillosa comida compartida no solamente con Maru Mendoza, sino con todos los amigos que hemos hecho en este camino de las letras disfrutadas a pesar de la distancia.

Hablamos de Pedro Villar, de sus versos y su amistad, del talento inmenso de Marcelo Suárez de Luna, de los éxitos que cosecha María Wernicke, de los sueños imparables de Asunción Carracedo, del maravilloso libro de colores de Ma. Rosa Serdio, de Anabel Sáiz Ripoll y su mirada abarcadora de la LIJ de Hispanoamérica, de la transformación espiritual y alquímica que para mí ha significado la poesía de Aurelio González Ovies, de la felicidad de que ésta se encuentre de manera virtual y poderosa en México a través del ILCE.

Nos bebimos todo el sol de México en la última tacita de café y al abrazarnos los abrazamos a todos, sin pensar en despedidas, sino en los encuentros que son y los que vienen tomados de la mano de los versos de Miguel Hernández que dicen...

que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma,
compañero.