7 may. 2010

Carlos Marianidis: el don de volar



Si le preguntaran a muchos niños de México el nombre de un poeta, ellos contestarían con la naturalidad con que salen a recreo: "Carlos Marianidis"
Porque la poesía de este autor argentino ha volado a través de Internet y en México en particular, a través de la red escolar del  ILCE. Los niños mexicanos han leído a Carlos en la escuela y cientos de ellos han conversado con él a través de los foros creados por esta instancia educativa que aprovecha la tecnología para difundir la poesía.

En 2010, a través de la editorial colombiana Libros y Libros, ve la luz de forma impresa un poemario entrañable de Carlos Marianidis: Recetario de Juegos, que dedica a Alberto Morales, su amigo de infancia:

Para Alberto Morales, mi compañero de banco 
hasta que el portón de la escuela se nos cerró detrás y, 
en un descuido, crecimos.

Los versos de Carlos logran una síntesis que parece increíble: son sencillos, alegres y accesibles al lenguaje infantil y al mismo tiempo son una reflexión filosófica del significado de la infancia, de la fugacidad del tiempo, de la imposibilidad de volver a esos espacios soleados de la niñez y de la necesidad de intentarlo a través del poema.

...Y ahora, a la distancia,
me pregunto por qué no guardé , de algún día,
un puñado de abrojos de los tantos que había,
o un trébol, o un cascote con marcas de alegría.

Carlos Marianidis posee una formación multidisciplinaria: estudió música, teatro, psicología. Pero por encima de todo es poeta y no deja que el peso de la teoría asfixie al poema en su ligereza. Su Recetario  se levanta no en el condicionamiento del instructivo, sino en la libertad, en la suprema libertad del niño que juega, así, dice en Receta para hacer amigos:

Vuela
Como quieras.
Sin vergüenza o temor.
Que volar junto a ti sea una fiesta.
Y que volar con ellos sea un don.

Si la poesía nos libera de nuestras cargas cotidianas, en Carlos Marianidis es además una invitación a adquirir el don de volar. Volar a ese espacio que construye la nostalgia, con base en imágenes que nos revelan la infancia como el territorio de la belleza, de los sabores y de los colores iniciales:

Colorido y alegre
va un camaleón
y en mi blanca pared,
recién pintada,
va tu crayón.


El adulto que lee la poesía de Carlos siente aparecer como en un sueño los contornos del país de su infancia, cuando la tarde es tan bella y todos los árboles son mágicos:

Con los ojos cerrados
me recuesto a la sombra de un ciruelo.

País de nostalgia donde las emociones definen los paisajes y todas tienen sabor y color y olor que sale de los pinos y queda pegajoso entre las manos. País poético de Carlos Marianidis en el que todos, al pasar sus páginas,  podemos adquirir el don de volar.