1 may. 2009

Querida Alejandría llega a buen puerto

Foto: Yolanda Lacarieri

Siempre he definido mi relación con la Historia, la Literatura y las Lenguas como una pasión. Pasión es aquello que al pasar por ti te transforma. Pasión es alquimia: arte y ciencia de la transformación. Es objeto no alienado del sujeto que intenta conocerlo, es intercambio de naturalezas: conocimiento estético.

Del otro lado del mar tuve la fortuna de encontrar a una apasionada de estos temas, alguien que viene estudiando el punto de intersección entre Egipto, Grecia y Roma que es el eje de Querida Alejandría. Hoy descubro en el blog de Una apasionada de la historia, que Querida Alejandría ha llegado a buen puerto, ha atracado en su Eunosto y ha vuelto a ver, en Málaga, la luz del Faro.

Copio la reseña de Querida Alejandría, que ha hecho una apasionada de la Historia:



Ya he hablado de él antes, pero lo hacía sin conocimiento, simplemente por lo que había leído sobre él. Ahora puedo hablar con conocimiento de causa gracias a que su autora, María García Esperón, ha sido tan amable de facilitármelo. Sabía que no me decepcionaría, pero ha sido más que eso, me ha emocionado leerlo.

Una niña de catorce años que le cuenta en un diario a su ciudad, Alejandría, que han decidido casarla. La elección de su esposo no la decepciona, al contrario, le gusta. Además, ambos reinarán en Mauritania. Se debate entre dos sentimientos opuestos hacia Octavio: el odio y el agradecimiento. Odio porque el hombre que ahora la hace reina antes la hizo prisionera y la obligó a desfilar cargada de cadenas. Agradecimiento porque la llevó a casa de Octavia, que le dispensó cariño y atenciones como a una hija, y la entregaba en matrimonio a un joven lleno de belleza y virtudes.

Algo que me emocionó mucho es cuando tiene que admitir que Octavia era más cariñosa con ella que en su día lo fuese su propia madre y que Marcelo (hijo de Octavia) lo mismo en comparación con Cesarión, su hermano mayor.

Va contando su día a día, cómo murió su hermano pequeño nada más llegar a Roma, pasando por sus recuerdos de Alejandría cuando jugaba con sus padres y hermanos como una familia normal, hasta el día de su boda.

Algo que me ha gustado mucho, es la de imaginar a un Alejandro Helios libre. Fingiendo su muerte en el Tíber, huye hacia la India ayudado por seguidores fieles a su dinastía. Como nada se sabe del paradero real del muchacho, esta idea me pareció muy acertada y me alegré al leerlo como si fuese algo mío, y quizás después de leer tanto de ellos tenga derecho a sentirlos así, como algo mío.

Creo que es una novela muy adecuada para ir iniciando a los más jóvenes a la lectura y el conocimiento de la Historia.

Para los muertos, la verdadera muerte les llega con el olvido. Mientras sigamos hablando de ellos, vivirán en nosotros. Por eso pienso que tanto Cleopatra, Marco Antonio, sus hijos, Octavia y demás, siguen estando hoy más vivos que nunca.