18 may. 2009

La tumba de Ahuízotl




En el año 10 conejo (1502) murió el gran tlatoani Ahuízotl.

Era hijo de Moctezuma Ilhuicamina, el Flechador del Cielo.

Era hermano de Axayácatl y de Tízoc, a quien sucedió.

Tío de Moctezuma Xocoyotzin y padre de Cuauhtémoc.

Los arqueólogos, con Leonardo López Luján a la cabeza, están a punto de encontrar su tumba.

Sería el primer sepulcro de un tlatoani azteca puesto al descubierto, develados sus secretos, desentrañados los momentos de su paso al inframundo. Porque el entierro de un Gran Tlatoani en el cenit de la expansión azteca debía conmover los cimientos del cielo. Seguramente se hizo una efigie de Ahuízotl, hecha de ocote y con los atavíos e insignias de cuatro dioses. Habrán sido sacrificados algunos esclavos, cuaqtro quizás, pálido número si se recuerda que las crónicas narran que Ahuízotl mandó sacrificar ochenta mil prisioneros el día de la consagración del Templo Mayor.

Autor de tantas muertes fue también perseguidor de la belleza. Se hizo labrar en Oaxaca un bello palacio al que adornó con los escudos hechos de plumas con el feroz y azul perro de aguas que es lo que significa Ahuízotl.

El monolito de Tlaltecuhtli (señor y señora de la Tierra), encontrado en el predio de la casa de las Ajaracas, en el centro histórico de la Ciudad de México, sería la puerta de entrada al misterio de la muerte de Ahuíztol, terrible tlatoani, guerrero feroz, que murió mientras dormía.

Cuando el gran colibrí azul
dejó de soñarlo aquí
sobre la tierra,
dejó de soñarlo fiero,
invencible,
guerrero,
murió el gran Ahuízotl
como quien pasa
de un sueño
a otro sueño...