4 dic. 2009

El Conde Luna y la letra pequeña

Para Asunción Carracedo



Palacio del Conde Luna antes de la restauración


La letra pequeña la escribió Asunción Carracedo en Voz y Mirada, acompañando la maqueta de la ciudad de León.
Y en la letra pequeña había un castillo y en el castillo una historia que va del siglo XIV al siglo XXI.

Es sabido que Borges niño se asomaba con una lupa a un grabado del laberinto cretense por si veía al Minotauro. Así me asomé yo a la letra pequeña de Asunción Carracedo por descubrir al Conde Luna del castillo.

Comenzando por el último estrato, el que salta a la vista en esta letra pequeña de Asunción, el del siglo XXI, el Palacio del Conde Luna acaba de ser restaurado (resurgió de sus cenizas, dice la prensa) y es el Museo General de la Historia del Reino de León. Uno de sus torreones será sede de la Fundación de la Ciudad de Washington. Hay quejosos que cuestionan la restauración: respetó la fachada pero se llevó todo el gótico de los interiores...

Ya nos dirá Asunción, pero poco gótico habrá quedado después de servir de almacén de vinos y de garage, aunque fue declarado Monumento Histórico en los años treinta del siglo pasado.

Pero aún no se ve al Conde Luna y tal vez no sea fácil verlo porque no es uno, sino muchos. Antes de ser Conde Luna se llamaba Quiñones porque vendió uno* para irse a Tierra Santa a ver a Jesús y a María.

"Visité a Dios y a su Madre" fue su divisa orgullosa. Sigue sin condado y ese uno que es muchos se hace fuerte en su Castillo de Luna que no es el de Asunción porque éste se encuentra en roca escarpada, y resiste al moro Almanzor. Y en esa Luna escarpada estuvo preso el padre de Bernardo del Carpio, después de que Alfonso el Casto le sacara los ojos.


Aproximando la lupa para distinguir lo que guarda el laberinto de la letra pequeña de Asunción, todavía no aparece el condado de Luna y sí un cesto de víboras. Una antigua rencilla entre los Quiñones y los Guzmán, una de las entonaciones cíclicas de los Montesco y los Capuleto.
Se aman y se odian.
Se acuchillan y se besan.
Todo bajo la Luna de esta letra pequeña.
La cesta viperina es emblema de los Guzmán: ¡Ay de los Quiñones, si se atreven a tocar la cesta de su casa!



Sigue sin aparecer el Conde y ahora es el diablo -que algo de Minotauro tiene- el que surge bajo la lupa. En el siglo XIV, Don Suero de Quiñones quiere poner en aprietos al intelectual más reputado de la época, Don Enrique de Villena y le pide que le muestre al diablo.

Invita Don Enrique a cenar a Don Suero y los manjares son servidos por un atildado y silencioso, pálido criado de manos finas.

-¿Y el demonio prometido? -pregunta Don Suero.
-Es el criado que nos sirve -responde su anfitrión.

Las posesiones de los Quiñones, revela por fin la letra pequeña, eran los Estados de Luna, que en epíteto tan homérico como castellano es "la muy torreada".

Los Quiñones son dueños del solar de Palat del Rey, en el centro de León, en el llamado Barrio Húmedo.

El palacio de la letra pequeña de Asunción fue erigido en el siglo XIV por Don Pedro Suárez de Quiñones (1367-1402), Adelantado Mayor de León y Asturias.

El Condado de Luna aparece ¡por fin! Lo instituye Enrique IV en 1462...
El Palacio ya es del Conde Luna y uno de los Quiñones está destinado a a América, a llorar la Noche Triste con Hernán Cortés, a escalar el volcán Popocatépetl, a buscar El Dorado y a descubrir el Orinoco. Se llama Diego de Ordaz y aunque no ostenta el título de Conde de Luna, es una de las más brillantes personalidades vivas para siempre en ese libro vivo y fundacional que es la Historia de la Conquista de México de Bernal Díaz... del Castillo.