21 dic. 2009

De la luz arrepentido


...de la luz arrepentido
huyes buscando la muerte.
Tan española es tu suerte
que dentro del callejón
te traspasa el corazón
el toro del aguafuerte.

(José Alameda. A Francisco de Goya, pintor de los toros)

En el Museo Nacional de la Estampa de la Ciudad de México se exhibe la muestra "Tauromaquia: mano a mano" hasta el 28 de febrero de 2010. Obras de Alberto Gironella, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Jean Cocteau, Lake Price... y Francisco de Goya. La curaduría se lava las manos con respecto a la pertinencia de la Fiesta en el marco de lo políticamente correcto y se limita a señalar los valores plásticos de las obras expuestas.

Es Goya el que absorbe la mirada. El toro no es un motivo de identidad ultramarina como en Gironella, ni un pretexto para lo surreal como en Dalí, ni cadencia del perfil y libertad vanguardista como en Cocteau, ni una trampa más para el Sol como en Picasso.

Para Goya el Toro es el Dios.
La Fiesta, su misterio.
Los cuarenta grabados expuestos orbitan en la sala vacía, establecen la espiral del sacrificio, la sangre generosa, el desplante, la valentía, lo inesperado, el toro en las gradas, el alcalde muerto -él, tan vivo y tan seguro al iniciar la corrida- el tránsito de Pepe-Hillo al cielo de los toreros (y luego, pero Goya no lo sabía, al verso de García Lorca).

La tauromaquia de Goya en la sala vacía por la que se cuela el cansino sol del invierno es la consagración del silencio. La liturgia tácita que lleva en la sangre la gente del toro, sus pasos de azar seguro, su muerte tan viva, tan altiva, tan torera... Sus sillas estrictas para esperar al Oscuro sentado, sus pértigas para atravesar la Sombra, su redondel trasunto de cretense cratera para convertir al Toro en Vino, uno de sus nombres sagrados.

La tauromaquia goyesca no tiene piedad del que la mira. Claroscura se lo lleva al corazón de la Fiesta, lo convierte en el toro y en el torero, en los extraños moros del principio, en las muecas de las gradas que son las muecas de la Vida.

Claroscura te convence que vienes buscando la muerte y que dentro del callejón del grabado el toro del aguafuerte te espera para, ebrios ya de Luna, traspasarse el corazón.