2 jul. 2010

Los nombres, las sombras, el amor



Por su uso, las cosas nos sirven, nos soportan, nos golpean o nos sacan a flote. Nos utilizan porque las utilizamos, se pierden con nosotros porque nos extraviamos a nosotros mismos a través de ellas. Nos hacen olvidar pronto y ellas también, sinceramente, pierden el punto.

Por su nombre, las cosas nos aman. Las amamos por su nombre. Las llevamos con nosotros al paladear su ligera sombra luminosa. Por su nombre las cosas son nuestra memoria. Y así nombradas, nos asombran por la persistencia de su juventud, por su frescura, por su amor irremediable, que es el nuestro. Y sí, una especie de condena.