18 jul. 2010

El Amor, el Alma

El rapto de Psique de Bouguereau


Cumple tareas imposibles, desciende a los infiernos, rescata un elíxir,  abre una caja de males y cae sumida en un sueño cataléptico. Sus hermanas la envidian y la hacen dudar, le quema la espalda al dios con el aceite curioso de su lámpara y es abandonada. 

En las páginas de los cuentos de hadas y en los divanes de los psiquiatras el Alma transmigra menesterosa, obligada a verbalizar lo que debiera permanecer silencioso y tal vez insalvable e irredento. Pero tanto los cuentos de hadas como las sesiones de análisis demandan finales felices y estamos acostumbrados a pensar la historia en términos de redención: un para qué del sufrimiento. Un movimiento ascendente. Una apoteosis. Y el Fin.

No hay fin, sin embargo. También eleática, Psique nunca alcanza a Eros. Podrá contar la arena  y regresar de los infiernos. Podrá tejer camisas con hilos de cardos, escalar una montaña de agujas, cortarse el dedo meñique para abrir una puerta y vaciar el mar con una cuchara. El Alma prendada de Eros no es una cazadora, sino una paciencia alquímica con alas de mariposa y mucha memoria de su pasado de tierra. Más Psique cuanto más sola, cuanto más descalza, cuanto más vagabunda...