30 jul. 2010

Argos, de Aurelio González Ovies


Los caseros no atienden a sus ojos, 
pero detrás de sus negras pestañas 
oculta una tristeza tan redonda 
que apenas le permite la mirada. 
Por eso algunas veces con la cola, 
cuando escucha el sigilo de las vacas, 
dibuja sobre el barro en que reposa 
retazos de impotencia y de desgana. 
Y poco a poco el giro de las moscas 
que rondan sobre él noche y mañana, 
le han dado un parecido con las cosas 
que a la muerte se pudren olvidadas. 
Su hocico respingón ya tiene forma 
del aullido más último del alma, 
y de aquella nariz de caracola 
tan única en los rastros de la caza, 
cuelga la transparencia de una gota 
que ya no puede secarse con la pata. 
Y aunque sigue esperando, de su boca
sale de vez en cuando esa palabra 
con que expresan los perros su derrota;
y lloriquea y cae y se levanta...



(C) Aurelio González Ovies
Voz
María García Esperón
Música
Yanni
MMX