20 jul. 2010

La literatura infantil elevó mi conciencia: Alejandra Moglia

Alejandra Moglia es argentina. Trabaja como bibliotecaria en institutos educativos de Buenos Aires. Es el alma de una extensa red de intercambio de poesía, ficción e ilustración centrada en la infancia, llamada Literatura Infantil,  a través de una red social que se prolonga mediante los blogs y sitios web de creadores y lectores. 

Su quehacer ha resultado tan exitoso como original. Sin duda, Alejandra ha abierto caminos nuevos para la promoción de la literatura infantil y juvenil. 

También ha enfrentado problemas y de todo eso hablamos en una charla que de México a Buenos Aires se pintó de pies a cabeza con los colores de la infancia. 
María García Esperón



¿Qué representa para ti la literatura infantil?
La literatura es rescate, no escape
La literatura infantil es una parte muy importante de mi vida. Las primeras imágenes de mí misma siendo muy muy pequeña están asociadas a los libros y a las narraciones. Yo tuve acceso a la literatura infantil mucho antes de saber leer. Fue gracias a que en mi familia la narración ha sido muy importante como también comprar libros y armar una biblioteca especial para mí. Una de las primeras cosas que  hizo mi papá para mí con sus propias manos fue la cuna y la biblioteca para los libros de cuentos, y yo era una beba. Los libros eran para mí un universo fantástico y una verdadera fiesta, un viaje a lugares realmente maravillosos, habitados por otras gentes, otros mundos, y que gracias al libro los llevaba siempre conmigo.
La literatura infantil ha sido la puerta a la literatura para adultos. No hubiera llegado a Brecht, a Kafka, a Pizarnik, a Vila-Matas, a tantos pero tantos autores si la literatura infantil no hubiera estado presente en mi vida.
La escuela, las bibliotecas, los planes de promoción a la lectura son fundamentales para que un niño lea pero si el adulto más cercano, su referente más concreto no lee, no lo acerca al libro se hace bastante difícil que el niño se convierta en un lector.  Yo nací en una familia de clase media, con un padre que vivía de su trabajo y una madre ama de casa. Con abuelos y tíos abuelos que no habían tenido la oportunidad de hacer la escuela secundaria, con tíos con diversos grados de formación escolar y universitaria pero todos tenían en claro que el libro era algo esencial en la vida de un niño, y no sólo ellos, ¡hasta mis vecinos! Lo he contado en mi blog: Florinda y Marcial, los almaceneros de mi barrio, me regalaban un libro de cuentos cada cumpleaños mío, y Florinda lo elegía especialmente para mí. Mi mamá me ha confeccionado libros con dibujos hechos por ella, mi tía abuela me contaba un cuento maravilloso que jamás encontré en libro alguno y que me generaba una fascinación absoluta. Era ir a su casa y en la hora de la siesta recostarnos y pedirle que me cuente la historia.

Y también, los libros cumplieron una labor muy importante como sostén, como pilar del cual aferrarme en el Jardín. Yo tengo una historia muy particular: en el Jardín de Infantes no la pasé bien. Fui una niña muy tranquila que se callaba todo, no lloraba pero sufría mucho, y no me adapté en ese jardín y especialmente me sentía totalmente desprotegida en relación a la maestra. Mientras en mi casa todo era felicidad, esas cuatro horas en el jardín eran momentos de angustia. Estoy hablando del año 1970 cuando yo tenía cinco años. Para que yo fuera al jardín existía una sola cosa: comprarme un libro de cuentos. El ritual se repetía cada mañana. Salíamos con mi mamá más temprano de lo necesario y pasábamos por la librería Bramanti, en Saavedra. Allí, su dueña, –la veía como una abuelita- sacaba cantidades y cantidades de libros de cuentos para que yo los hojeara tantas veces como se me diera la gana, y mi mamá esperaba al lado mío hasta que, finalmente, elegía el libro que quería llevarme conmigo. Ese libro –que cada mañana cambiaba porque siempre era uno nuevo- era mi sostén en el jardín, era el tesoro por el cuál yo estaba allí. 
 El libro era el tesoro por el que yo estaba allí
Y un día pasó lo peor: la maestra nos dijo que teníamos que llevar nuestro libro de cuentos preferido para armar la biblioteca del Jardín y así todos pudieran leerlo, debíamos dejarlo ahí y retirarlo a fin de año cuando terminaran las clases. Llegó fin de año, la maestra renunció, puso un jardín y se llevó todos los libros. Fue llorar y llorar y llorar por noches y noches pidiendo por mi libro. Era un librito de editorial Sigmar que yo amaba profundamente: La Ardilla Cartero.  Mi tía finalmente me compró un nuevo libro de La Ardilla Cartero pero sólo me calmó en parte porque yo quería mi libro. Así que en aquel año 1970 mi vida se dividió entre el placer de comprar cada día un cuento, el sufrimiento del Jardín y la alegría de llegar a mi casa con mi familia, mis amigos, mis libros y los discos de María Elena Walsh que sonaban todo el día en el combinado. 

 María Elena Walsh: su voz instalada en los momentos felices
No sólo sus cuentos y las letras, sino su voz, la voz de María Elena está instalada en mí. Es escuchar esa voz y volver a un espacio de alegría, de contención, de felicidad.

Pero la literatura infantil no sólo me ha abierto las puertas a otros autores que posteriormente incorporé, abrió mi mente, elevó mi conciencia. En cada letra de las canciones de María Elena había muchas cosas para incorporar al debido tiempo, y así lo hice. Gracias a ella y tantos otros autores aprendí a darle rienda suelta a la imaginación, a la creatividad, a volar libremente; y también, aprendí, gracias a mi experiencia en el Jardín, que la literatura es rescate –no escape-y que siempre podré recurrir a ella. No es escape porque no se evade el problema con la literatura, al contrario, da herramientas para hacerle frente, para encontrarle la vuelta, nos muestra a nosotros bajo otras miradas, vemos a los otros que nos habitan y se transforma en una llave para conocernos y conocer a los otros. Por eso no es escape sino toma de conciencia. Yo viajé a otros mundos fantásticos con mis libritos de cuentos pero no evadí la realidad, la literatura me fortaleció y me abrió las puertas a otras maneras de pensar y de entender la vida.

La brecha que se forma entre un chico que no tiene acceso a la literatura infantil y otro que sí la tiene es muy difícil de achicar, y un chico no lee si los adultos no lo hacen. Tienen que leer los padres, los maestros, quienes los rodean. Y leer con convicción, por amor a la lectura. No sirve que un maestro elija un libro porque se adapta al grupo y pedagógicamente es ideal por x razones. Lo que vale es que el maestro ame ese libro, le fascine y pueda transmitir el amor por esa historia, por ese autor, por sus personajes.

Tu grupo Literatura Infantil en FB es impresionante. Cuéntanos su génesis, cómo lo ideaste, cómo fue creciendo, qué te ha enseñado y qué te ha desaconsejado.


Tuve la idea de crear una página de fans de Literatura Infantil. Debo reconocer que el primer motivo por el cual quise hacerlo ha sido como un humilde tributo a la literatura infantil y a lo importante que ha sido en mi vida. Y así lo hice pero la página fue denunciada, nunca supe quiénes la denunciaron y por qué. Decidí entonces comenzar de cero nuevamente y hacer un perfil denominado Literatura Infantil que en este momento tiene un número muy elevado de amigos y entre los cuales se encuentran escritores, ilustradores, editoriales, docentes, mamás, papás, etc. etc. Es un perfil de Literatura Infantil que no está pensado como tal para los chicos sino para los adultos y que cada uno de ellos tome lo que considere necesario o lo que le guste para los chicos.

 Imagen de La Memoria y el Sol, el blog de Alejandra. Ilustración: Ale Acosta
 FB tiene de bueno que la información se difunde de manera rápida y llega a mucha gente. 
Brinda la posibilidad de que muchas personas estén en contacto -más allá de mí como creadora del pefil- y se puedan crear puentes e incluso proyectos de trabajo.
Tiene el problema que estamos muy expuestos, y tengo algunos reparos con respecto a los modos de lectura que propone FB –y esto es algo estrictamente personal-: entiendo que como lectora tengo derecho al silencio que no es lo mismo que callar. Leer un poema, un cuento, una historia, un texto y tener que comentar todo el tiempo es algo que muchas veces me hace algo de ruido y me genera cierta incomodidad. Por supuesto que es maravilloso compartir opiniones, debatir pero hay momentos y hay lecturas, y especialmente me pasa con la poesía que si me siento muy conmovida quiero disfrutar en silencio, quiero ver qué me pasa a mí con todo lo que estoy leyendo, con las imágenes que me vienen.
Y pido disculpas por lo que voy a decir, esto también es algo estrictamente personal. Es muy probable que el problema sea que no termino de adaptarme a la modalidad de la red social pero me pasa que no comprendo por qué mucha gente al momento de leer un poema juzga para bien o para mal al autor, lo pone en tela de juicio, al punto de darle consejos de vida. Mi idea de lector, y de lector activo no es esa sino de ver qué se pone en marcha dentro mío con esa lectura, no ver qué le pasa al escritor ni mucho menos darle consejos de vida. Yo soy lectora y tengo derecho a reescribir la obra, y vivirla en silencio, y a compartirla en el momento y en el espacio que considere adecuados. Leo muchos textos en fB y   luego lo comparto con algún chico en el colegio, por ejemplo, y lo hablamos en la biblioteca.

 Sé que tu vida está tejida con tus lecturas, con los libros que has leído. Háblanos del primer instante en que fuiste consciente de que estabas leyendo. ¿Cuál fue tu primer libro? ¿Qué anécdota nos puedes contar relacionada con esas tapas y esas hojas y esas letras que estuvieron en tus manos de niña?

Yo aprendí a leer en primer grado, no antes. En el Jardín sabía leer algunas palabras sueltas, escribir mi nombre pero aprendí en primer grado como se estilaba en aquella época. Todos los cuentos que tenía en mi casa, de todo tipo y tamaño, pasaban por  mis manos y yo los sabía contar (pero no leer). Me recuerdo rodeada de libros, aunque comencé con los libros sobre animales. Tenía libros troquelados, libros de diversas formas con grandes ilustraciones de animales y el nombre de cada uno de ellos, otros tenían algo de información sobre el hábitat. También tenía libros para aprender la hora, etc. Jugaba mucho con las ilustraciones, recreaba historias a partir de ellas pero han sido muy especiales los cuentos maravillosos de los Hermanos Grimm y Charles Perrault. Yo tenía cinco años y sabía quiénes habían sido ellos. Si estudié alemán de grande fue por el hecho de tener la posibilidad de leer literatura alemana en alemán, y también, poder leer a los Grimm, hay tanta belleza en su redacción, tiene tanta magia. Podría decir que mi memoria es olfativa porque recuerdo especialmente el olor de esos libros –que conservo- y el de la librería Bramanti. Y también una memoria auditiva porque leía o me leían estos cuentos y los de María Elena Walsh pero también escuchaba todo el tiempo sus canciones. La voz de María Elena está instalada como una parte muy importante de mi infancia relacionada con los libros y los momentos más felices.

Mi infancia fue muy feliz. Alejandra y el abuelo
 Yo fui una niña lectora pero también amante de las películas de Disney. Sin embargo, en mi cabecita siempre prevaleció la historia del cuento en su versión original y no la del film. Por ejemplo: Blancanieves. La imagen de Blancanieves que tenía –y tengo- en mi cabeza no es la de Disney, ni mucho menos el final de la historia, y eso que yo tenía los libros de Disney de aquellos años. Mi papá había tenido la oportunidad de conseguirlos,  venían con el disco que narraba la historia y me había comprado los títulos principales, casi toda la colección, pero uno de ellos “La espada en la piedra” me lo compró en inglés y el tamaño es gigante. Es un libro troquelado que se puede ver por escena individual del film o abrirse y tener toda la secuencia completa. Es del año 1961. Ese libro ha sido muy importante para mí por lo original, porque además podía jugar con él. Por supuesto que lo conservo y tengo todos mis libros infantiles, pero volviendo a lo anterior, más allá de Disney, prevalecieron siempre en mí los personajes que mi mente construía con las otras ediciones y versiones de estos cuentos que mantenían la historia original.
Ahora bien, debo destacar que hubo un libro muy importante para mí, y fue el libro de lectura de primer grado. Se llamaba El libro volador. Fue un libro que me llevó a soñar con los libros y sus personajes. Amaba a El libro volador y también lo conservo.


 ¿Cómo y en qué momento hizo irrupción la poesía en tu vida?     
       
Pude percibir el dolor de Alfonsina
La poesía llegó a mi vida llegó también de muy pequeña de la mano de Alfonsina Storni pero primero llegaron ella y su historia de vida, luego sus poemas. Comencé a ir a Mar del Plata desde el año y medio. No recuerdo en qué momento pero desde que tengo uso de razón, en cada viaje a Mar del Plata visité el monumento a Alfonsina. Me recuerdo con cinco años, con seis años preguntando todo el tiempo ¿cómo murió Alfonsina? Yo no sé cómo me llegó por primera vez alguna noticia de su muerte y el dato que se había tirado al mar. Sí recuerdo muy bien que –ante tantas insistencias de mi parte- mi papá me respondía que Alfonsina había entrado caminando al mar y así se fue. Y yo la imaginaba con un vestido largo de tul caminando debajo de las aguas y hasta hacía dibujos sobre eso: dibujaba montañas, peces, agua y Alfonsina caminando bajo el mar. Sabía que había muerto pero la imaginaba viva. Luego, un poquito más grande estando ya en la escuela conocí el poema: Yo en el fondo del mar, y allí Alfonsina cuenta exactamente lo que yo me había imaginado. Creo que con cuatro o cinco años pude percibir el dolor de Alfonsina aún sin entender lo que pasaba y supe que todo lo escrito por ella era verdadero, que si bien todo lo que se escribe, sea ficción o no, nace de una verdad, que tiene que haber verdad en la literatura y en el arte, la poesía tiene una contundencia sobre la vida que no tienen otros géneros. Comparto lo que magistralmente dice Juarroz “Afirmo que la poesía es realidad, y para mí es la mayor realidad posible porque es la que cobra conciencia real de la infinitud”. Es así como de la mano de Alfonsina, pasando luego por Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Conrado Nalé Roxlo, Federico García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Roberto Juarroz y tantos tantos poetas que amo profundamente y que son esenciales, llegué a Alejandra Pizarnik, y no hay retorno.
Eres conocedora como pocos de la literatura infantil y juvenil contemporánea. ¿Has sentido necesidad de pasar a la creación literaria? ¿Podemos esperar en un futuro cercano una historia firmada por Alejandra Moglia? Y si es así, ¿qué tipo de historias te gustaría narrar?

Me falta tanto tanto por leer, no se llega a leer todo, a conocer a todos los autores… Me gustaría escribir pero realmente todavía no es el tiempo, no lo sé, hago intentos pero son sólo eso, pequeños intentos.
Me gustaría narrar historias que tengan algún origen en mi infancia porque la tengo grabada a fuego y porque es lo que jamás nadie podrá sacarme. Es el refugio de la vida.

Háblanos de tus autores favoritos, sean o no de LIJ, contemporáneos o antiguos. ¿Qué relación guardas con ellos?
 
Son tantos… los Hermanos Grimm, María Elena Walsh, Gianni Rodari, Alfonsina Storni porque mi infancia está ligada a ellos, Antonio Machado y todos los poetas de la generación del 27, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Hermann Hesse que ha sido un autor muy imporante en mi adolescencia, Ernesto Sábato… después de leer Sobre héroes y tumbas nada fue lo mismo. Bertolt Brecht, me gustan sus obras de teatro, y especialmente sus poemas y canciones necesarias y cada vez más urgentes –aunque algunos digan que ha pasado de moda-. Franz Kafka, Roberto Juarroz, Alejandra Pizarnik, Roberto Arlt, Juan Gelman, Enrique Vila-Matas a quien he llegado de adulta pero es injusto mencionar algunos porque son tantos: Borges, Cortázar, Saramago, Orozco, etc. etc. etc y estoy dejando a tantos afuera…. y todos los autores de LIJ de mi país como Devetach, Montes, Shua, Roldán, Villafañe, etc. etc. Estoy siendo injusta. Actualmente he incorporado nuevos autores, incluyendo a los de LIJ también. Son muchísimos y el espectro se amplía cada vez más y FB nos permite intercambiar información e ir conociendo más y más autores y publicaciones, y seguir disfrutando de la literatura.

 ¿Cómo fue tu infancia?
Mi infancia fue muy feliz, me recuerdo rodeada de libros y discos, con una familia numerosa formada por abuelos, tíos, tíos abuelos, primos, también con vecinos y amigos de la familia, amiguitos míos de la escuela y del barrio. Me recuerdo feliz inmersa en mundo de fantasía y a la vez muy observadora de la realidad. Recuerdo nítidamente la década del 70 en Argentina, una década muy difícil, faltaba muy poco para la tragedia, para el peor golpe militar de la historia argentina. He sido bendecida en mi formación, habiendo tenido como primer maestra a María Elena Walsh.

Vi brillar a  Goyeneche en mi alma de niña
Tengo recuerdos de haber encontrado a Roberto Goyeneche en el Parque Saavedra. Fue muy importante para mí porque ahí se inició mi amor por el tango y por Goyeneche. No tendría más de 6 años, iba con mi abuelo caminando por el parque y viene hacia nosotros un señor que me llamó la atención. Pasa por al lado nuestro, me sonríe y me guiña un ojo. Y vi muchas estrellas multicolores alrededor de él, así lo vi en ese momento, vi brillar a Goyeneche en mi alma de niña.  Le pregunté a mi abuelo quién era ese señor y me dijo: es el Polaco, el cantor de tangos, nuestro vecino. El amor fue inmediato y para siempre.

Fui feliz y me sentí siempre muy amada y contenida no sólo con mis padres y familiares sino con mis maestras de la escuela primaria porque mi mamá me cambió de colegio y la primaria y la secundaria la hice en el Instituto San Francisco de Asís, del barrio de Belgrano y allí fui muy feliz, siempre recibí cariño y contención, amor y sensibilidad. También recibí un cariño muy fuerte de parte de vecinos quienes también fueron muy importantes en mi vida: Marcial y Florinda, los almaceneros, Don Camilo y doña Santina quienes se pasaban horas escuchando los disparates que yo les contab,a podría nombrar a muchos y a cada uno los llevo conmigo, cada uno aportó –junto con mis padres y familiares- a sembrar una semillita muy importante.
Cada cosa que pasaba era una fiesta para mí, y esa fiesta, toda esa alegría tenía su origen en poder estar con las personas que amaba, esa era la fiesta verdadera, lo mejor que podía pasarme.

 ¿Cuál sería para ti el libro de literatura infantil y juvenil ideal?
No sé si existe un libro de literatura infantil y juvenil ideal porque cada chico es diferente. Si bien a determinadas edades se sienten muy atraídos e identificados con algunas temáticas, aún así cada chico tiene su propia historia. Lo importante es que el libro sea un libro de literatura. Si hablamos de adaptaciones de clásicos, leyendas, etc, que esas adaptaciones estén hechas por autores de LIJ, que tengan calidad literaria porque queremos que el chico lea, y que lea literatura.

 ¿En cuál de los libros que has leído te gustaría entrar y vivir?
Son tantos los libros…. Me hubiera encantado entrar a Sobre héroes y tumbas, por ejemplo. Todos sus personajes están conmigo, siempre están presentes y cuando camino por Buenos Aires, también. Ir a Belgrano, pasar por la recova y saber que allí Fernando Vidal Olmos descendió a su propio infierno de maldad, o pasar por Parque Lezama e imaginarse que en algún lugarcito Alejandra está hablándole a Martín. Ha sido un libro muy importante en mi vida, en mi juventud.

Del Diccionario de Alejandra Moglia

Recuerdos: pedacitos de los otros y de nosotros que eternizamos en el presente para seguir viviendo.
Infancia: el refugio de la vida
Libros: caminos hacia uno mismo y hacia los demás
Sueños: combustible para caminar y seguir caminando
Felicidad: momentos, instantes que tienen la duración de lo absoluto, cuyo origen nunca es lo material.


Fotos: Alejandra Moglia