3 nov. 2009

OLFATO: Cómo convertirse en vampiro



Los vampiros están de moda. Inundan las carteleras y provocan tumultos. Atraen a los adolescentes, sobre todo. La palidez del rostro, la boca manchada de sangre, los ojos hundidos, el Eros-Thanatos desdibujado a la luz de las velas o sugerido en los perfiles de castillos abandonados de la Europa occidental. ¡Quién pudiera acceder, a través de una mordida, a una inmortalidad lánguida, temerosa de la luz, difusa!

Esos son los ingredientes de la moda del vampiro que de novelas a celuloide trasnocha leyendas medievales y mitos románticos sin renovarse. Pero llega el escritor mexicano Andrés Acosta con su OLFATO (Premio Gran Angular México 2009) y sorprende con la frescura del tratamiento del tema, con la superación del cliché y con la reivindicación para lo literario que entrega ¡por fin! a la vampirología mexicana.

El protagonista es Fulvio, a punto de celebrar sus diecisiete años en Europa gracias a la bonhomía de su padre, que cumple funciones diplomáticas en Alemania. La madre es una académica y el chico ha crecido en un rico ambiente cultural y goza de una libertad envidiable. Ama la música. Perece por el Metal. Sabe de Wagner y el tritono –la nota del diablo- pero su pasión es el Metal escandinavo (¡qué, hay otro?).

Su padre le regala una mochila, como emblema del viaje que ha soñado para él. Fulvio la acepta pero decide que seguirá su propio itinerario. En Budapest conoce a Draga, a Edin y a Kemal, con quienes comparte el gusto por el Metal –siempre con mayúsculas. Se siente atraído por Draga; la música y la atracción sexual serán el pasaporte a su metamorfosis. Con ella adquiere un don extra, un sentido del olfato exacerbado.

De la descripción casi operística de los conciertos europeos, del ambiente en los Balcanes, de trenes y caminos, Andrés Acosta lleva certero al lector a una ciudad de México sacada de las páginas de los tabloides amarillistas. El Coronel es un personaje torvo, hediondo, que encuentra su destino en las páginas de El Perfume, de Patrick Süskind y se convierte en un macabro ladrón de epitelios olfativos. Nuestra novela de vampiros se ha convertido en una novela de detectives, especiada con una técnica narrativa cinematográfica a ratos, en momentos televisiva, siempre literaria de buena ley. Escenas que se difuminan, diálogos entre un sicario llamado Moby y otro llamado Dick, tráfico de órganos a fin de cuentas, leyendas y tribus urbanas, góticos, emos, punks y darketos de la glorieta del metro Insurgentes que no son tan inofensivos como parecen.
Fulvio todo lo sortea con un adolescente espíritu festivo, a pesar de que le roban su tesoro más preciado y para recuperarlo se asocia con el profesor Bilova, un experto en lo desconocido que se mueve con seguridad en el bajo mundo en el que operan los vampiros mexicanos como el Coronel.

Pero Andrés Acosta no defrauda al público lector y revela que sus vampiros de la Europa occidental sí tienen colmillos y muerden, pueden dar la inmortalidad pero condenan a una vida sedienta de sangre… difícil de conseguir. Sacia la curiosidad en unas líneas geniales que le escribe Draga a Fulvio a la manera de FAQ o preguntas frecuentes y entrega en su OLFATO una obra literaria de cuidada factura, construcción ágil y con un final que hace que el lector apetezca conocer las aventuras de Fulvio, ya vampiro cabal, en otro libro.

Mientras éste se escribe, los jóvenes –y no tan jóvenes- lectores, puede seguir las correrías de Fulvio, ver sus fotos y escuchar su música en el blog http://como-me-hice-vampiro.blogspot.com.

OLFATO. Andrés Acosta. Colección Gran Angular. Ediciones SM. México, 2009