28 nov. 2009

Aires de Don Aire en el Blog de Pizca de Papel

Ilustración: Lorde

La vida, en suma, es un eco de Don Aire. Donaire.
El donaire de la poesía de María García Esperón.
(Anabel Sáiz Ripoll)

La airosa pluma de Anabel Sáiz Ripoll, ha recorrido los mares de Don Aire (poesía para niños y otros seres sensibles como diría Pedro Villar) en una reseña publicada en El Blog de Pizca de Papel.

Este poemario se encuentra disponible en formato pdf bajo el sistema de publicaciones en línea Scribd y descargarlo no tiene costo alguno... porque Don Aire ha dicho que:

Poemas son mariposas
son cosa de regalarse.
Si yo les pusiera precio
me dijo el Señor Don Aire
ya no me pondrían veleros
en los mares de la tarde.

Veleros de aire y de luz, de sol y de luna como los que ha puesto Anabel Sáiz Ripoll en este mar de la Red que nos ha reunido:


AIRES DE DON AIRE,
de María García Esperón
México, 2007.
http://www.scribd.com/doc/15676028/Aires-de-Don-Aire-Poesia-para-nins

Poesía

por Anabel Sáiz Ripoll, especialista en Literatura Infantil y Juvenil


María García Esperón (México, 1964) escribe poesía para niños sin hacer concesiones ni al ritmo, ni a la rima, ni al verso. No busca la musicalidad sin más puesto que pretende, con sus versos, hacernos llegar la idea de que la poesía es un bien universal que hay que compartir y que hay que inculcar desde la cuna, a base de nanas, de arrullos, de versos llenos de música como los que forman “Aires de don Aire”. Don Aire es el símbolo de la libertad porque se cuela por todos los rincones, no sabe de horarios, ni falta que le hace, y allí donde llega es siempre bien recibido (“Señor Don aire / que vas/ Señor Don Aire / que vienes”). Don Aire circula por la ciudad con la alegría en sus dedos, dando frescura a todo lo que toca y logrando que las cosas cobren vida gracias a la continua personificación que emplea nuestra autora: como el sol que no quiere helados, pero “devora la piedra”.


María García Esperón maneja un castellano lleno de luz, de lozanía, puesto que sus palabras parecen nuevas, recién estrenadas, ya que con ellas sentimos que estamos dándole juventud al idioma:

“En los hornos
de la tarde
ya están cocinando
estrellas
de ajonjolí,
de canela,
de anís
y de yerbabuena”.

La poeta mexicana empleas distintas escalas rítmicas y acude a la polimetría puesto que sus versos se adelgazan al principio, como si Don Aire aún estuviera empezando a cobrar fuerza y, poco a poco, van adquiriendo cuerpo, como el propio protagonista. Pasa del arte menor al mayor en una sutil transición.

Don Aire se siente poderoso, lleno de alegría, y se cuela en todas partes hasta que comienza a perder intensidad y ni siquiera puede ayudar a una barca de vela. ¿Qué le pasa a Don Aire?:

“ ¡Al arma! ¡Al arma, Don Aire,
que se llevan tus caudales!
Que han abierto el cofre blanco
donde guardas cantidades
de conchas de caracoles,
de abejas de fino talle,
de gorros rotos de duendes
de velas blancas de naves.
Las palomas mensajeras
se llevan tus novedades,
ya vuelan por la ventana
te dejan solo, Don Aire..."

¡Qué tristeza entonces!

Y es que Don Aire no es un bien material, solo se regala y se ofrece a manos llenas a quienes lo desean, porque Don Aire, en suma, “es poeta y no lo sabe”.

Los versos de María García Esperón, cantarines, hondos y llenos de cuerpo, se tiñen de resonancias lorquianas, de alguna intuición, de presagios puesto que no se sabe qué le pasa a Don Aire y hay dudas y tristezas con esa ausencia. Parece que sin Don Aire no haya alegría:

“Y me sorprendí llorando.
Y me consolé en seguida
para atrapar la marea,
con su luna aún encendida.”

Por último, de manera circular, el poemario acaba dónde empezó, pero con un Don Aire mucho más fuerte porque se ha crecido a lo largo del camino; es, por decirlo, así una alegoría de las vidas humanas que, con los sinsabores, pueden mejorar y adquirir sabiduría. Eso le ha pasado a Don Aire y es un buen ejemplo para los niños, para que sepan que los problemas se superan y sirven de aprendizaje. Don Aire está de nuevo aquí, a nuestro lado:

“Para volver a encontrarte.
Para volver a encontrarse.
Para sentarse
en la banca
a ver oler
los azahares...”

Y el verso, vemos como al final vuelve a encogerse puesto que Don Aire renace, vuelve a coger fuerza, a ensancharse, a perderla, a recuperarse... La vida, en suma, es un empezar de nuevo cada día. La vida, en suma, es un eco de Don Aire. Donaire. El donaire de la poesía de María García Esperón.