25 nov. 2009

Atenas siempre

Sir Lawrence Alma-Tadema. Fidias muestra El Partenón a Pericles y Aspasia.

Mármol pentélico bajo la mano de Fidias.
Efectos policromáticos.
Cielo de Grecia. Siglo de Pericles.
Mente de Anaxágoras. Encanto de Aspasia.
Sócrates.
También Alcibíades.
Atenea de bronce, con su búho y su victoria alada, con la luz reflejada en el casco para guiar el saludo de los marinos desde el Cabo Sounion.
Pericles de nuevo. Acusan a Fidias de robo, a Aspasia y Anaxágoras de impiedad.
Pericles llora.
Juega mal sus dados o el destino los juega mal por él y se desata la cíclica reyerta entre dos modos contradictorios de ser griego, de ser hombre: Atenas y Esparta.
Peste.
Muerte de Pericles.
Fin de su "siglo", de su oro de cuarenta años.
Pero todavía habla Sócrates y Platón prepara su cálamo para inventar un Sócrates platónico. Acusan a Sócrates de impiedad, como habían hecho con Aspasia. Ya no está Pericles para derramar una lágrima.
Y Sócrates muere.
Pero antes recomienda sacrificar un gallo a Esculapio.
Estas cosas se repiten bajo cielos y mitologías diferentes.
Cambian los nombres.
Y Atenas siempre.

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