3 oct. 2009

Premiación SM 2009: Y la LIJ cruzó la frontera

Andrés Acosta: "Toda novela es un vampiro"

Teresa Domínguez y Andrés Acosta, ganadores SM 2009

La entrega de los premios Barco de Vapor y Gran Angular 2009 el pasado jueves 1 de octubre fue espectacular.
San Ildefonso se convirtió en esa jornada en el palacio de la literatura infantil y juvenil mexicana. Ediciones SM decidió echar la casa por la ventana para lanzar dos libros magníficos: Encuentro con la gran ciudad, la primera novela de Teresa Domínguez, ambientada en el México prehispánico y OLFATO, la renovación mexicana de la literatura de vampiros, del magnífico Andrés Acosta.

Pero hubo algo más. Un discurso sorprendente del escritor Jaime Alfonso Sandoval. Centrado en la novela de Andrés Acosta, pues fue Sandoval la voz del jurado que le dio el premio, se convirtió en una suerte de manifiesto no artificioso, en el acta de nacimiento de una nueva y poderosa LIJ mexicana y en la prueba oral, verbal, fehaciente de que la literatura infantil y juvenil mexicana ha cruzado la frontera que la separaba de lo que se considera... literatura.

Sin ponerse de acuerdo, la voz de Andrés Acosta al hablar de su novela, escribió sobre el discurso de Sandoval la confirmación de que algo grande acaba de suceder en el mundo de lo que se escribe y de lo que se lee en México. Ha ocurrido una dinamización de las fuerzas creativas y la LIJ ha abandonado el mundo tranquilo y condescendiente de la literatura inofensiva y buena para niños en colores pastel.

Las palabras de Andrés Acosta trenzaron sobre el discurso de Jaime Alfonso Sandoval la primera página, la página fundamental de la literatura mexicana del siglo XXI. Del boletín de prensa de Conaculta -que por lo general acostumbra centrarse en el discurso de los funcionarios y que no pudo soslayar esta vez la imparable fuerza de los creadores- copio algunos extractos:


"Por su parte, Jaime Alfonso Sandoval, fue la voz del jurado de Gran Angular. Con tono fresco y hasta jocoso, dijo que Andrés Acosta hizo algo admirablemente temerario: escribir una novela sobre vampiros, un tema por demás manoseado. Pero que él descubrió un filón de oro, una veta por explorar: los vampiros mexicanos.

Recordó a sus referentes cinematográficos y resaltó que tanto en el cine como en la literatura, salvo honrosas excepciones, estos personajes no han sido tratados con respeto. En el caso de Andrés Acosta, consideró que hay un salto cualitativo. “Se deshizo de los colmillos de plástico, de las capas de terciopelo y los trajes de terlenka, para hincarle al tema renovando la plantilla”.

En su opinión, Olfato, cuyo protagonista es un adolescente de 17 años, es una novela dinámica, divertida y por momentos aterradora, sustentada en una espléndida investigación. “En sus páginas no hay ataúdes de naftalina, hay niños bien y otros mal, en las inmediaciones del Metro Insurgentes; hay emos que se inmolan con gusto o con disgusto, un buzo del drenaje profundo, un investigador de lo oculto en decadencia y una historia de amor con piercings".

Al hacer uso de la palabra, Andrés Acosta, comentó que toda novela es un vampiro y OLFATO no es la excepción. “Le chupó la sangre a una residencia artística en Salzburgo, destinada a una novela que hasta la fecha permanece desangrada en un cuaderno; le chupó la médula al guión de un cortometraje que ahora luce pálido e inconcluso; se alimentó de unas vacaciones que nunca llegaron, de muchos cafés cargados frente al Parque México y del metal”.

Para concluir, puntualizó que “a partir de esta noche, OLFATO despliega sus páginas como alas para emprender su primer vuelo y qué otra cosa puede pedir ahora, sino nutrirse de la sangre de los jóvenes lectores que ¿no es acaso la más fresca y vital de cuantas existen?"

Fotos: Blog de Andrés Acosta: La vida en prosa