1 oct. 2009

El Alif, el Aleph, el Nombre



La obra literaria constituye la elaboración de un nombre especular, el propio. (Geoffrey Hartman)

El aleph... la raíz espirirual de todas las letras y de la que derivan todos los elementos del lenguaje humano. (Gershom Scholem)



En la tradición islámica, Allah creó un punto de luz. Lo miró y a partir de esa mirada salió el alif, la primera letra, no del alfabeto, sino del alifato.
Parece un número uno y es que el calígrafo ha de trazar un gesto ascendente, que es una invocación y una apetencia, una afirmación del deseo. Después, el cincel de nardo de la muñeca y quién sabe cuántos ríos con ella, desciende suavemente, vocación plena, imantación hacia el mar de los sentidos.

El alif es la letra del comienzo y la primera letra del Nombre. El Nombre de Allah. No se une con las otras letras. Es la letra madre. No es una vocal. No es la A.
Es el punto donde el deseo se invoca hacia arriba, sus huesos crujen y se desencaja y la vocación, ya interpelada desde las entrañas, desciende imparable.
Liba.
Silenciosa de rumores, empieza por decir un nombre.
Para el Islam es el de Allah.
Pero es el tuyo.

Como el ojo udyat de los egipcios,
que no mana lágrimas sino geometría,
el alif da origen a las demás letras.
Y qué letras.
Medialunas, estrellas, diamantes,
espadas finas que se te clavan en el corazón
y te recuerdan que está herido...
como una gacela. *

Allah es el Generoso, el Oculto.


* De La lengua árabe (MGE)