1 dic. 2008

María García Esperón entrevista a María Wernicke, ilustradora de Rutinero de Níger Madrigal




Rutinero, libro del poeta tabasqueño Níger Madrigal, por el que obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2007 que convocan la Fundación para las Letras Mexicanas y el Fondo de Cultura Económica, es un libro ilustrado. Poéticamente ilustrado por un hada.

Ella se llama María Wernicke, es argentina y ha usado, claro está, los materiales que usan las hadas.

Viene de puntillas, habla en el susurro del papel de seda, puede respirar bajo el agua, hacerse pez y ola y ha atraído a este libro esencias y aromas de su mundo encantado.


¿Qué representa Rutinero para ti?

Me gustaría contarte que Rutinero fue una puerta. Lo fue el día que me llamó Miriam Martínez para preguntarme si lo quería ilustrar, lo fue mientras lo leí y empezaron a surgir imágenes; luego, mientras buscaba las formas sumergida en papeles, hora tras hora, sin querer hacer otra cosa que eso que estaba haciendo, experimentando una felicidad que no se agotaba, no se agota.
Y llegaron los encuentros... de verdad es increíble lo que está sucediendo. Y me alegra, me alegra y me alegra infinitamente.

¿En qué lugar, físico o psíquico, o ambos encontraste las imágenes que pueblan Rutinero?

Lugar físico: la cocina. Ahí leí, y releí, pensé y sentí, y también dibujé los mamarrachitos miniatura que sirvieron de guía, ya que apenas puedo llamarlos bocetos. También la cocina fue el lugar donde empezó la alquimia, la búsqueda de color y mancha en mis papeles.
¿Lugar psíquico? No sé si puedo ser precisa... la sensación era la emprender un viaje, pero a diferencia de los viajes reales en los que me pongo muy ansiosa, me sentí confiada, tranquila y alegre.

¿Tú llevas a Rutinero o Rutinero te lleva a ti?

Ocurrieron las dos cosas.

¿Cuáles son tus principales influencias plásticas? Y nombra a tu ilustrador o pintor favorito, sólo uno, tu "guru".

Casi imposible. Son muchísimas las influencias. Sí puedo nombrar al primer artista plástico y también ilustrador, que me emocionó y me llegó a las entrañas: Carlos Alonso. Quería ser como él y lo intenté, pero fracasé rotundamente. Fue una buena forma de empezar a buscarme.
Y quiero nombrar (¿puedo uno más?) a un gran y querido ilustrador, Saúl Oscar Rojas, que me marcó por la sensibilidad de su trabajo.
Siempre quise parecerme a aquellos que admiraba (a Rojas, también, él lo sabe) y, si bien no estoy exenta de que eso me siga ocurriendo, crecí bastante como para animarme a un camino propio que, creo, voy encontrando.

Por favor, define el momento creativo por el que atraviesas y de ser posible, relaciónalo con el panorama actual de los libros ilustrados.


Personalmente es un muy buen momento, explosivo, expansivo. Y te cuento, para que se entienda porqué.

Hace dieciséis años que trabajo como ilustradora. Pasé largas, larguísimas crisis (años) donde me cuestionaba qué y cómo ilustraba. Deseaba un cambio y no sabía cómo arrancar. Estaba acostumbrada a trabajar con muchísimas pautas, y no tenerlas me ponía en un lugar de inseguridad muy grande. Anteponía la pregunta ¿qué esperan de mí? Y si no tenía la respuesta, ¡ zaz!, ahí quedaba paralizada, repitiendo pequeñas fórmulas que en su momento sirvieron para hacerme un lugarcito en el mundo de los libros. Pero no me animaba a proponer. En otras palabras: tenía mucho miedo.

El cambio empezó el día que pude dar el primer paso. Decidí que iba a hacer un libro porque sí, para nadie o para mí, por pura gana y disfrute. Y mirá cómo son las cosas (casualidades o causalidades), al mes me llamaron de la editorial Calibroscopio preguntándome si tenía algún proyecto propio. Llevé los textos y los originales que tenía terminados de Uno y Otro y -¡sorpresa!- les encantó. A los pocos meses, estaba editado. Ese día empecé a perder el miedo.

Seguí explorándome y esa búsqueda dio dos nuevos libros, Un señor en su lugar y El poeta y el mar que, sin haber ganado premios ni haber sido publicados aún, fueron los que, desde la estética, incentivaron a los editores del Fondo de Cultura a trabajar conmigo, primero con Las peregrinas del soyfuiseré, de Ricardo Castañeda y luego con Rutinero, de Níger Madrigal.
Y acá vale aclarar algo que para mí es muy importante. Descubrí los libros ilustrados del Fondo de Cultura hace casi veinte años, y soñaba con poder, algún día, hacer libros así, con ellos.

Creo que la gran diferencia, y lo que hace que éste sea un muy buen momento, está en la nueva pregunta: ¿Qué espero de mí? Ser yo misma, buscarme, encontrar mi propio lenguaje, sensibilizarme, dejarme llevar a veces y tomar las riendas otras, y ¡disfrutar! En todo caso, creo que también los demás esperan eso de uno.

Si tengo que relacionar lo personal con el panorama actual de los libros ilustrados, te diría que me favorece. En realidad, nos favorece a todos, escritores, ilustradores y lectores. Porque hoy en día hay muchas más editoriales que apuestan a un lector lúcido y sensible. En estos nuevos libros, sobre todo en los libros-álbum, hay lugar para la poesía, para lo lúdico y también para temas que en su momento fueron tabú, como la tristeza, la muerte, la pobreza, la guerra, la injusticia, el sexo y lo diferente. Eso nos abre puertas, nos deja un espacio para decir y leer (textos e imágenes) con libertad, esa libertad de la que hablaba antes, la de ser quien uno es con una mirada y una voz propia.

¿Y si te pidiera una breve definición de los siguientes términos?

¡Uy! Ésta, es complicada. Es del tipo de pregunta que me lleva a intentar parecer inteligente y con la que termino diciendo pavadas. Así que me tomo una licencia y digo, más que definición, qué me sugiere, en este momento, cada una de ellas.

Poesía
La puerta por la que descubrí la lectura.

Niños
Grandes lupas y enormes espejos.

Arte
La capacidad de mis vecinos de enfrente de hacer crecer su casa con sobras.

Sueño
Seguir creciendo, aprendiendo y disfrutando, no sólo con los libros, con todo.

Felicidad
El sol.