12 nov. 2008

Los animales de la lluvia de Pedro Villar y Miguel Ángel Díez


...En la hora del recuento
Noé contaba animales,
le sobran casi trescientos
y las cuentas no le salen.

(Pedro Villar)

Este libro tiene, qué duda cabe, vocación de navegante. Todavía no me explico por qué milagro de Noé -o de su esposa, que es una dama muy seria- me ha desembocado el libro en las manos. Dice Pedro Villar en su dedicatoria que esta poesía ha nacido “en el reflejo de una gota de agua”. Pues la gota se ha hecho diluvio y nos ha arrastrado a todos a un lugar en el que solamente imperan las leyes de la poesía, los dones del sueño.

La poesía de Pedro Villar no tiene etiquetas -las ha deslavado el diluvio-. Es para niños y para adultos. Es generosa como la lluvia y con un desenfado angelical y saleroso tiene vocación salvífica. ¿Qué salva? En esta arca, a los animales y con ellos rescata la sinceridad, la alegría, la revolución burbujeante que encierra cada una de las palabras. La poesía de Pedro Villar vuela de orilla a orilla y trae en sus regresos la rama de olivo.
Esta es un arca de la alianza y algo de arco iris tiene el libro.

¿Qué tanto de Noé hay en Pedro Villar? Ambos han sido elegidos y toman en brazos el peso de la elección. Ambos se han puesto a construir el arca en la que van entrando –vamos entrando- todos. Las dimensiones del arca se extienden y en un momento misterioso se llega a convertir en el mundo… pero alguien tiene que poner un hasta aquí.

Pedro-Noé es juez, pero también parte, después de todo es él quien ha construido el arca:

-¿Qué hacemos con los dragones?
-Deben ser los polizones,
no sabemos de ellos nada
pues en la lista no estaban.
-Localizad al momento
los que vivan en los cuentos,
los de la mitología
que los aguante su tía,
los de la imaginación
ponedlos en un montón,
que bajen las escaleras
y echadlos a todos fuera.


Este texto juguetón y sabio como un niño y como un abuelo encuentra su complementario (que marcha siempre contigo y suele ser tu contrario, como dijo Machado) en la ilustración intensa, profunda de Miguel Ángel Díez.

Noé, su esposa, los niños y los animales poseen al mundo en la pupila. Son seres de iluminada sombra que fascinan, que arrastran con su misterio. Miguel Ángel Díez fascina y arrastra con su mirada poética, con el conocimiento interior que tiene de sus propias imágenes, que son las imágenes de todos nosotros.

El simio pensativo que se lleva el dedo índice a los labios es una alegoría de la videncia, un homenaje a la belleza infinita e inocente del silencio. Los pequeños hijos de Noé envueltos en sus impermeables nos conquistan con la solidaridad de los niños en los momentos de peligro. Una tristísima y muy bien abrigada sirena (¡el agua está tan fría!)se ve expulsada del arca y prende su nostalgia de la mirada de uno de los niños, nostálgico a su vez de dragones y pegasos. Un melancólico y seductor sileno que puede ser un fauno y rezuma la naturaleza imposible del centauro, se sale de la página -¡también expulsado por Noé y sus prisas!- y marcha en busca de otros diluvios y otras arcas…

No es de extrañar que este libro, editado bellamente por Diálogo Infantil, agite las aguas de las ensoñaciones profundas a golpe de palabras y de imágenes. El próximo 20 de noviembre sus autores recibirán de la Conselleria de Cultura y Deportes de la Generalitat Valenciana la distinción por el mejor libro ilustrado en valenciano de este año de gracia 2008, año del diluvio y del encuentro entre orillas remotas y entrañables que irremediablemente se quieren.