24 nov. 2008

La Princesa Duda en Alejandría




El Princess Duda es un barco de 42 metros de largo que podría tener pintado un ojo como las antiguas naves griegas. Sirve para ver bajo el agua, para que los buzos dirigidos por Franck Goddio pregunten sus secretos a la bahía de Alejandría.

La Princesa y sus acondicionadas cabinas son el cerebro de cada movimiento. El laboratorio flotante sabe cuando un pequeño barco navega sobre el Timoneum de Marco Antonio, donde el general romano pretendió emular al misántropo Timón, consciente de que Alejandría y la vida terminaban para él. Hace trece siglos quedó sumergido su pequeño palacio para filosofar en cómo se sumergen en el olvido tanto la gloria como el amor...

Desastres naturales y peso excesivo terminaron con las imágenes materiales de ese mundo, con el Timoneum y el Portus Magnus

Pero...
Siempre quedan los sueños. Si la Princesa Duda, basta conocer lo que siente el buzo jefe, Jean-Claude Roubaud, al sumergirse en las aguas a veces turbias de algas, plancton y contaminación, a veces azules, como debieron aparecer ante Alejandro, los Tolomeos y Cleopatra Selene:

"Cuanto estás ahí abajo y ves de repente una estatua es un sueño. Y siempre hay algo, aunque a veces no se ve a 20 centímetros. A veces las olas son fuertes y te alejan de los objetos, te empujan, te los quitan de las manos. Duelen los oídos y los músculos. Pero hay momentos preciosos, como cuando encontré la estela negra de Nectanebo, lisa, sin incrustaciones. Es todo un libro de jeroglífico abierto al pasado. Por momentos como ese estaría ahí abajo día y noche".

Y las piezas del sueño: una naos, una estatuilla chipriota, un amuleto de Osiris...

Tal vez los buzos de Alejandría sean los soñadores más cabales de este sueño que trata del despertar de una ciudad sumergida. Porque aunque duelan oídos y músculos, aunque las aguas del sueño estén frías, hay momentos preciosos en que se abre, promisorio y mágico, el libro del pasado.

Nota en culturaclasica.com.