1 jun. 2010

Y los muertos desenterraron a sus muertos

Foto: La Jornada


Periodista: ¿Qué es lo que más te impresionó de la ceremonia
de exhumación de los héroes de Independencia?
Niño: las calaveras.


   Corría el siglo V a.C y Cimón viajó a la isla de Skiros decidido a encontrar los restos de Teseo para llevarlos a Atenas. 
   Los encontró -fabricados, por supuesto- y en triunfal navegación los hizo retornar a su ciudad. Antes, el general había sometido a la misma Skyros y controlado a los piratas del Egeo. 

   Antes el general y estadista había demostrado su propia estatura heroica en campañas sin cuenta y prestado su propio corazón a la Liga Délica. Para los huesos sin sospecha, de dimensiones descomunales como corresponde a la percepción de los héroes, proyectó la construcción del Teseion para su sepultura. Ese templo y su venerado Teseo hecho de fe vieron surgir años después la fuerza espiritual y material de la Acrópolis de Pericles.

   Otros huesos se trasladan, siglos después en el otro lado del mundo, en una República alumbrada por los ideales de la polis griega renacidos por la Ilustración del siglo XVIII y alimentados por el estado espiritual, valeroso y heroico del siglo XIX. Repensada en el siglo XX por un movimiento popular que tendía a revertir las dolorosas diferencias sociales que la siguen constituyendo. 
Un movimiento revolucionario cruento que en su lado luminoso reveló la fuerza creativa de un pueblo, su pujanza de humanidad, su multiforme herencia.

   El siglo XXI encuentra a esa República en una especie de Leteo, donde la desmemoria es tan grande que no puede nombrar y mucho menos ejecutar un ideal tan sólo y como la fecha de celebración apura y no hay nada que celebrar, los muertos de la memoria desenterraron un domingo a sus héroes muertos -de padres de la patria a calaveras- en un desfile tan militar como  hueco bajo el ardiente sol del valle de México.