8 jun. 2010

En ave se ha convertido Nezahualcóyotl


La cultura que fue capaz del prodigio acústico de hacer vibrar a determinados edificios con la frecuencia de la voz del quetzal -hoy reducido a mera atracción turística- entramó a esta ave en una red simbólica tan compleja como  poética.

Preciosa por esencia, divina, endiosada, el ave del color del jade arrastra en su plumaje la simbólica del agua -también preciosa, por escasa en el seco metafísico Altiplano privado de grandes ríos-. Quetzalcóatl, el civilizador por excelencia lleva al ave en su nombre y en un plano imaginativo -que los arqueólogos repelerían- es fácil figurarlo en las geometrías portentosas de Teotihuacán contemplando los reflejos verdezules de los depósitos de agua, escamas de la serpiente cósmica al pie de la montaña primordial  -la pirámide- y promesa de vida.


Masiva, la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacan canta con la voz de su quetzal al dar una palmada frente a ella. Desprovista de su red cultural, de su bagaje simbólico, es opaca la voz del quetzal para el oído moderno.

En un fragmento de poema azteca, Yoyontzin tiene una poderosa visión interior con respecto a la muerte del rey de Texcoco:

...en ave se ha convertido Nezahualcóyotl
anda cantando cantos floridos y se goza con las flores.

Transmutada en sonido, la materia. En ave inmortal el hombre.Los nahuas no creían en la inmortalidad personal a la manera de la tradición occidental, pero dejaron en sus creaciones el mensaje de la persistencia de la levedad de la vida: el grito del ave, su vuelo, el canto y la flor, la poesía