24 jun. 2010

La túnica de Fausto


¡Si tuviera una túnica mágica que me permitiera
ir a aquellas regiones lejanas, no la cambiaría 
por los más preciosos vestidos ni por el manto de un rey!

De entre los seres que bajan a soñar a nosotros hay uno que lleva la túnica por la que Fausto clama en la Primera Parte de su tragedia. El vestido recubre la armonía cincelada en talleres invisibles y quizá sobrehumanos (la cotidianeidad la destruye). 

Pero cuando la entidad armónica baja, decía,  y sueña en nosotros , no es posible sostenerla sin contemplarla y no es posible contemplarla sin comprenderla y sin llorar porque viene de aquellas regiones lejanas por las que suspira el filósofo en la Primera Parte, momentos antes de sellar -con sangre- su pacto con Mephisto. 

Y con la criatura y su túnica en el corazón y en los sentidos, las regiones etéreas suspiradas, la vida luminosa y encendida se revelan en todos los sitios, en  los rincones y las colgaduras, el tiempo deja de escaparse y una insoportable belleza eterna anida en nosotros y la boca del  ser que nos sueña modula  a través nuestro las palabras terribles: ¡Detente, eres tan hermoso!


Un momento frente a un texto en alguna parte del 24 de junio de 2010.