20 jun. 2010

Con Mi abuelo Moctezuma en el Templo Mayor


Uno de los lugares más intensos que puedan existir en el mundo es éste:
los cimientos del Templo Mayor, cuyas piedras hablan de grandeza y de estrellas, 
de dolor, de sangre, de convicción, de flores y guerras,
de sueños y dioses, de hombre y destino.


En el Museo, Coyolxauqhi, la luna de cascabeles en el rostro encontrada 
hace 30 años recupera sus colores originales gracias a un sutil juego de luces:


El nuevo huésped del Museo del Templo Mayor, imponente Tlaltecuhtli 
-la compleja deidad de la tierra con los atributos femeninos enfatizados:



Ya de salida, despedirme de mi abuelo Moctezuma.
Pero la luz llegó antes:




Mi padre es un hombre triste.
No tendría por qué serlo. Es el dueño de todo.
Le llaman el Gran Tlatoani. 
Eso quier decir que es nuestro rey, nuestro emperador. 
Nadie puede verlo a la cara. 
Cuando llega la gente a su presencia, tiene que descalzarse. 
Excepto su primer consejero, siempre vestido de negro y blanco, 
al que llamamos el Cihuacóatl o mujer serpiente, no sé por qué.
Nadie sabe por qué.

(Copo de algodón. Novela. Ediciones El Naranjo, 2010)

Fotos: Museo del Templo Mayor. Exposición Moctezuma II. Junio 2010