6 jun. 2008

En amor... ¿Lope o Quevedo?



Hugo Martínez, de Monterrey, me ha enviado en un forward este soneto de Lope de Vega, donde el Monstruo de la Naturaleza define el amor.

Desmayarse, atreverse, estar furioso
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

No hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar al daño,

Creer que el cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor, quien lo probó, lo sabe.


Yo le contesto a Hugo Martínez de Monterrey, que como lo he probado (el amor), el soneto del Caballero de la Orden de Santiago, Don Francisco de Quevedo supera al de Lope en mucho porque no define, sino contradefine en un instante poético que armoniza en belleza los opuestos sin dejar de punzar con la ambivalencia. (Que si la has probado, has de llevarla a tu sepultura, sí, en tu polvo enamorado):



Es yelo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!