15 abr. 2009

La tumba de Arsinoe en Efeso y la Tumba de Cleopatra en Alejandría

El Octágono en Éfeso


Tabusiris Magna, al sur de Alejandría

El mes de marzo pasado un equipo de arqueólogos austriacos anunció un descubrimiento sorprendente: los restos óseos de Arsinoe, la hermana menor de Cleopatra, hallados en Éfeso, Turquía, en El Octágono, una sencilla cámara sepulcral abovedada a la que fue confiado el esqueleto de la princesa tolemaica.

Hija de Tolomeo XII, llamado Auletes, Arsinoe fue presa del destino de su estirpe. Nacida de diferente madre que la audaz Cleopatra, se invistió con el traje de los faraones guerreros y luchó contra Julio César, siendo derrotada. Arsinoe desfiló en el triunfo del Imperator en Roma y no fue ejecutada porque el romano era clemente ("Catón, me quitaste la oportunidad de salvarte la vida") y le permitió acogerse al santuario de Ártemis en Éfeso.
En las escaleras del templo fue asesinada por órdenes de Cleopatra.
Ella hubiera hecho lo mismo si en lugar de ser reclusa en Éfeso hubiera estado sentada en el trono de Egipto, al lado de Marco Antonio, Imperator.

Los arqueólogos y forenses austriacos han reconstruido el rostro de Arsinoe y afirman que su cráneo participa de características de los antiguos egipcios, los europeos y los negros africanos. Se hace extensiva la revelación de sangre mezclada a su famosa hermana Cleopatra, cuyos restos y los de Marco Antonio se siguen buscando por un equipo egipcio y dominicano al sur de Alejandría. Revelaciones a cuenta momias -ya encontraron 10 en 27 tumbas y algunas de ellas doradas- desde hace un año, me sugieren un guión al servicio del Supremo Consejo de Antigüedades deseoso de emular el descubrimiento del mítico Tutankhamon por el no menos mítico lord Carnarvon.

Reconstrucción del rostro de Arsinoe

El rostro de Cleopatra

Un reciente documental de la BBC muestra al gran público los resultados del hallazgo en el Octágono de Éfeso. "Cleopatra, retrato de una asesina", se llama. ¿Qué documental, qué título suscitará el hallazgo anunciado de la tumba de Cleopatra y Marco Antonio, calificados como amantes y casi nunca definidos como lo que eran, estadistas en un muy complicado escenario de luchas geopolíticas?

"Nada es más fácil que censurar a los muertos", diría Julio César, cuyos restos para desgracia de forenses y documentalistas, nunca serán hallados, porque como los de Aquiles, se dieron al fuego.