6 dic. 2014

Un dragón naranja




Un dragón naranja
en la antigua China
vivía en el árbol
de las mandarinas.

Era el favorito
del Emperador
de entre sus dragones
de raro color.

Y lo refrescaban
con los abanicos
y lo alimentaban
con manjares ricos.

Y pulimentaban
todas sus escamas
y lo perfumaban
con esencias caras.

Su cabello de oro
esclavos trenzaban
con sartas de perlas
y con esmeraldas.

Pero por la noche
el dragón naranja
contaba sus penas
a la luna clara:

Era un prisionero
en jaula dorada
por que no se fuera
sus alas cortaban.

El dragón naranja
quería volar
y probar el sueño
de la libertad.

El dragón naranja
quería conocer
montañas y ríos
el hambre y la sed.

La luna apiadada
le hizo brotar
de nuevo las alas
y pudo volar.

En la noche inmensa
se hizo libertad
lágrimas derrama
de felicidad.

Y se fue volando
a reinos de nieve,
de arena, de viento,
de nunca y de siempre.

Cuenta la leyenda
que el Emperador
buscó vanamente
al bello dragón.

Y abrazado al árbol
de las mandarinas
se quedó llorando
en la antigua China.