17 mar. 2010

Los pecadores del fuego



Nunca absuelto, Prometeo acomete su sufrimiento encadenado al Cáucaso.
Es titán en eso y el águila de Zeus es puntual y cirujana.

Él, casi el fuego, que podría arder sólo con quererlo, cuida de no cauterizar la víscera que se renueva dolorosa.

Mientras triunfa así encadenado, los pecadores del fuego saben que no lo son tanto y que la absolución que les prometen si abjuran de sus iniciativas es insípida, que no vale nada frente al nido de dolor que devora el águila en la hora lenta del atardecer, cuando con mano de púrpura el sol remueve la ensortijada cabeza de Prometeo.

Su preferido entre dioses, titanes y hombres de voz articulada, de esos que duermen, penan y gozan sobre el amplio seno de la Tierra.