15 mar. 2010

La felicidad, sin remedio

Psique. John William Waterhouse

Una vez cruzado el umbral ya no hay remedio. Quizá por eso tantos se detienen. Atisban la luz, sienten transformarse la yema de sus dedos y asustados retiran la mano que se había apoyado en la penumbra.

Y retornan al amparo de la autoridad, a las fórmulas seguras del establecimiento, a los ídolos de su tribu, a su antiguo apodo, al amparo de sus maestros, al uniforme, a su lugar en el coro para laudar lo laudable, a un cosmos tranquilo en el que no hay que salir a buscarse ni la propia vida ni el propio nombre.

La realidad nos llama, sin embargo.
A todos.
Sirena nos atrae con su canto de peligro.
Y por acabar de saber qué dice o qué canta algunos cruzan el umbral y se rompen.
Ya rotos se siembran los ojos nuevos y tocan la raíz de su dolor y se hacen canto de sirena y la realidad se hace realidad, sentido y letra a través de ellos.
Y resulta que han alcanzado la felicidad.
Y que ya no hay remedio para eso.