3 ene. 2010

La felicidad misteriosa: sobre un poema de Cristina Tabolaro



Para Cristina Tabolaro, naturalmente


"...Redescubriéndome acompañada, caminando bajo la lluvia a la vera del río, puse presencia al Amor ausente, puse presencia a la lluvia, y con ello le conferí identidad. La lluvia siguiente a esa lluvia, sin esa compañía, la sentí como ese manojo de ausencias que sólo se advierten cuando hay un otro presente.
(Cristina Tabolaro)


La expresión poética que surge en las páginas de un blog se caracteriza en primer lugar por su sinceridad. Porque como el medio es el mensaje, un blog es un diario personal y es a las páginas de nuestros diarios donde confiamos nuestros pensamientos íntimos, los sentimientos que a pesar de su fragilidad y transitoriedad han estado a punto de ahogarnos o de detener el latido de nuestro corazón. Renacemos muchas veces gracias a esas letras que hemos anotado, mediante las que formulamos un nuevo estado de nuestra conciencia.

Pero el diario escrito en un blog no se esconde debajo de la almohada, ni en el fondo del cajón. Es una publicación hecha y derecha, es un libro poliédrico y polifónico, que contagia a los demás blogs su estilo e inquietudes y se contagia de los demás. Este caminar juntos, este leer y leerse de los autores de blogs añade a la sinceridad otra característica: un ser-para-otro.

Y la frecuentación de esta escribanía electrónica propicia muchas veces a los autores -y a sus lectores- momentos de síntesis poética, el arribar a una lograda forma estética como es el caso del poema Identidad, de la poeta y blogger argentina Cristina Tabolaro, publicado en su espacio Parir Palabras.

Te busco
en charcos
que no pueden mojar
en gotas
que no saben caer
en viento
que agoniza sin soplar.
Te espero
en infinitos muelles
de un río que no es.
Llueve,
sin llover.
Hoy no estás,
y la lluvia
ha perdido identidad.

Si la poesía, con Gastón Bachelard es "una metafísica instantánea", Identidad es un ejemplo elocuente de esta condición. La experiencia de la ausencia, que es el sustrato existencial del poema, es llevado por la poeta a un tiempo sin lugar y un lugar sin tiempo cuajado de realidades elementales y a la vez simbólicas (el viento, la lluvia, el río, el muelle) donde el ser pleno es posible.

Y cuando el ser pleno es posible -en los territorios del arte y de la mística- ocurre la felicidad en su más intensa vivencia. Una felicidad misteriosa, porque se levanta en el vacío de la presencia del ser amado, porque es conciencia de soledad, porque pone un signo de interrogación, de duda sobre la existencia elemental del río, sobre el ser de la lluvia y del viento, sobre la capacidad de humedecer del agua.

Poner presencia al Amor ausente, como ha hecho Cristina Tabolaro, es la esencia de la expresión poética: pura actitud creadora, tejedora de universos a partir de la nada. Cuando el Ser que se es hizo la nada... dijo Antonio Machado en su Poema al Gran Cero, y reposó, que bien lo merecía, /ya tuvo el día noche, y compañía/ tuvo el hombre en la ausencia de la amada.

Es el descubrimiento de la ausencia acompañada la que dispara la felicidad misteriosa que es la nervadura del poema. Padecemos nuestra propia sinceridad y nuestro ser-para-otro, pero es en este padecer que nos vamos creando, que nos vamos escribiendo -aunque a veces lo hagamos sin letras. Al padecer la sombra y la ausencia creamos la luz y la compañía y habitamos el misterio de la felicidad, nuestra obra.