23 ene. 2010

"...al punto fue como antigua"


Cuenta Plutarco en su Vida de Pericles que fue de admirar que las obras de la Acrópolis se hayan concluido en relativamente poco tiempo y resalta el hecho de que "en la belleza, cada una de ellas al punto fue como antigua".

La expresión se guardó durante cinco siglos y fue recogida por Plutarco. Y así, sencillamente, da la nota que define al conjunto de la Acrópolis: una antigüedad que es una atemporalidad. Una edificación antigua siempre joven, exenta de vejez, crecida bajo la dirección de Pericles y Fidias.

El Partenón fue construido por Calícrates e Ictino, los arquitectos de astucia arquetípica, que dotaron de elasticidad visual a las columnas con el misterioso (y matemático, geométrico) procedimiento de éntasis.

Mnesicles se encargó de los Propíleos. Y durante la construcción de éstos, un operario cayó de lo alto y quedó al borde de la muerte. Pericles tuvo un sueño y soñó a la Diosa. Ella le sopló al oído el remedio que curaría al trabajador.

Pericles despertó y pudo recordar su sueño, el hombre sanó y ese sueño y esa cura fueron la causa de que se colocara en la ciudadela la estatua de bronce de Atenea, la saludable.

Plutarco afirma vehemente que en las obras de la Acrópolis "brilla un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente". Es su juventud eterna, su inmortalidad, a pesar del polvorín turco y del amor desmedido que inspiró a Lord Elgin la idea de raptar el Partenón por partes.

Inmortales y jóvenes soñaron sus obras Fidias y Pericles. El que llegó afirmar que en cuanto de él dependiese, cada ateniense sería inmortal. La Acrópolis guarda, en la cal viva de su corazón, ese deseo.