22 ago. 2009

Virgilio, la Égloga IV y Alejandro Helios

Cabeza de Alejandro Magno joven

Tú ¡oh, casta Lucina!, favorece al recién nacido infante,

con el cual concluirá, lo primero, la edad de hierro,
y empezará la de oro en todo el mundo; ya reina tu Apolo.
Virgilio (Égloga IV)

La tradición nos inclina, tal vez falazmente, a dar una lectura cristiana a la Égloga IV de Virgilio.
El poeta sería el supremo vidente que pronosticaría el advenimiento del cristianismo.
La Sibila de Cumas, con todo su mundo pagano a cuestas, se transformó en cantata de Nochebuena.

En una de las notas de Le Messianisme de Virgile, de Henri Jeanmaire, se cita la postura de M. R. Eisler, quien en la primera década del siglo XX propuso ver en la Égloga IV una alusión al nacimiento de Alejandro Helios, el hijo de Cleopatra y Antonio, y a los oráculos sibilinos que con todo el saber egipcio mandó fabricar la reina antes del alumbramiento de los gemelos.

En el año 41 a.C, antes del consulado de Polión (a quien la IV Égloga está dedicada), Casio y Bruto han sucumbido, los triunviros Antonio, Octavio y Lépido han fortalecido su poder y a Antonio le ha tocado el Oriente para hacerlo suyo. No era tarea fácil pues debía hacer renacer el cesarismo y retomar la campaña de Partia que la muerte de César dejara inconclusa. Hacia el 40 a.C. nacieron en Alejandría los gemelos Cleopatra Selene y Alejandro Helios.

Otra posibilidad (mencionada por Jeanmaire) es que Cleopatra hubiera dado a luz solamente a una niña y que buscara halagar a Antonio presentándole gemelos.

Alejandro Helios desapareció de la Historia sin dejar huella. ¿Habrá algún retrato, un busto, una escultura del hermano de Cleopatra Selene?

Evanescente, el misterio de su nacimiento y el de su desaparición se funde con el de la Égloga IV, misteriosa también y como Alejandro Helios, hecha de la misma materia que el sueño.