28 ago. 2009

El Camposanto de Pisa


Siglo XIII.

Cruzadas.

Un arzobispo italiano llena un barco con tierra procedente del Monte Gólgota.
Tierra Santa.

El barco llega a Pisa con su preciosa carga. La tierra se dispone para formar un campo cuadrangular a cuyo alrededor se erige un claustro de mármol diseñado por Giovanni di Simone y destinado -polvo eres y en polvo te convertirás- a albergar los restos de los ricos y nobles de Pisa.

En los dos siglos siguientes brotan en los muros frescos admirables de Taddeo Gaddi, Spinello Aretino y Benozzo Gozzoli. Quinientos años después las bombas de la Segunda Guerra Mundial los destruyen en su mayor parte. Los frescos sobrevivientes al cruel baño de metal derretido proveniente del techo, son restaurados y trasladados al Museo delle Sinopie. Algunos se quedan in situ, el más inquietante es El Triunfo de la Muerte, pintado por un maestro -como la muerte- anónimo.

Algunos de los monumentos funerarios del claustro reutilizan antiguos sacrcófagos romanos.

Mármol santo del mundo de tribunos y césares que fue sustituido por la tierra santa del Gólgota.