25 oct. 2008

La poesía de Mercedes Calvo, "una barrera que en el futuro costará superar"



En Salto, Uruguay, la palabra está orgullosa y con razón, pues Los espejos de Anaclara, de Mercedes Calvo reflejarán en el mundo hispanoamericano la sensibilidad de tantas personas que viven y trabajan a diario con niños y que perciben la hondura poética del hacer y el decir infantiles.

Radar es una publicación salteña que ha vibrado con el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2008 concedido a Mercedes. Por ser tan periodistas que saben que la poesía es noticia, por ser uruguayos y porque el editor del medio es hermano de la educadora y poeta.

En sus páginas han publicado dos adelantos de la poesía de Mercedes. Poesía de la verdad, de la experiencia vivida, de la que se asoma al manantial de la infancia, -pozo del ser en el hombre- y que trae de regreso una sencilla e inagotable sabiduría y un trémulo misterio.

Con el crédito a la fuente periodística salteña, y con la emoción de encontrar esta joya, reproduzco uno de los dos poemas de la gran poeta y maestra de espíritu y de vida que es Mercedes Calvo y que justifican sobradamente la expresión que Miguel Limón Rojas, Presidente de la Fundación Letras Mexicanas, externó a la poeta al anunciarle su triunfo: "su trabajo ha puesto tan alta la barrera, que en el futuro costará superarla".

Por el umbral del cielo
viene la abuela
trayéndome manzanas
para la escuela.

Se detiene en la puerta
no quiere entrar.
Cae la lluvia de junio
sobre el cristal.

Yo froto las manzanas
con mi pañuelo
mientras borra caminos
el aguacero.

Toda la tarde hablamos
de aquí y de allá
porque hay muchas
maneras
de conversar.


Hay bellezas que arrollan. Que pesan y liberan tanto como una lágrima...


En la imagen:
Retrato de Mercedes Calvo, realizado en 1962 por el pintor húngaro José Cziffery, portada de RADAR, suplemento semanal del Diario La Prensa, del viernes 24 de octubre de 2008.