22 abr. 2008

Yesternight


Delacroix. Autorretrato como Hamlet

I will be brief: your noble son is mad.
(Shakespeare. Hamlet. Acto II.)

Y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor.
(Rubén Darío. Letanías de Nuestro Señor Don Quijote.)

¿Quieres la memoria de Shakespeare? Sé que lo que te ofrezco es muy grave. Piénsalo bien.
(Borges. La memoria de Shakespeare)



La otra noche me ofrecieron una puerta de memoria y sin pensar la abrí, porque la puerta, como en las sagas de fundación escandinavas, me había elegido.

Detrás estaba el príncipe Hamlet ocultando el fantasma de su padre.

Juramos sobre la espada que no diríamos nada, pero la memoria del hecho nos acosa y hemos convertido la espada en una rosa y tornado el juramento en un libro o en una serie de libros que, distantes y ciegos, nos susurramos al alba.

No hemos desentrelazado las manos de tal manera que parecen la misma página cosida por su centro. Las pupilas continúan fundidas en el metal del juramento. Pero el silencio que forjamos para velar el pacto eterno amenaza desgajarse como un árbol grande, abismarse como un techo de mar.

Sigue susurrando el viejo espectro su necesidad de juramento, armado de la cabeza a los pies, con la visera levantada para infligirnos su rostro.

Pero nosotros acusamos grietas y nos decimos errados que la memoria es locura.

Hamlet, Segismundo, Alonso Quijano... qué espadas, qué rosas, qué sueños...