16 de ago. de 2010

La vida es el texto de textos: Guillermo López Acevedo

Guillermo López Acevedo es un escritor, editor, educador, humanista colombiano. Tuve la fortuna de que fueran él y Rosa Adriana Buriticá quienes editaran mi libro Las cajas de China... y a propósito de las letras que se dirigen a los jóvenes y niños nos conocimos personalmente en mi añorada Bogotá e iniciamos una amistad que atraviesa cordilleras. En estos días nos hemos reunido a través de la red para hablar de educación, libros y de su muy exitosa novela para chicos, Naturalmente. (MGE)


La vida es el texto de textos

"Lo único que puede uno transmitir es el amor por el conocimiento, 
contagiar a sus estudiantes por el gusto de aprender; 
que comprendan quizá, que la cultura es algo por hacer, 
que en efecto, educar es un pensar acompañados"
(Guillermo López Acevedo)


¿Qué te llevó a escribir literatura infantil y juvenil?

Mi propia vida de niño y adolescente, ha sido la razón de ello, me explico: tuve la fortuna –en un sentido-, y la dificultad de pasar por unos diez y seis colegios (ninguno pasó por mí, si acaso unos dos maestros) durante todo mi proceso educativo, que fue más bien autodidacta que otra cosa. En este sentido, no solo viví muchas incongruencias del sistema, sino las terribles equivocaciones de los adultos especialmente con los niños. Rara vez los escuchaban y casi siempre los condenaban, cuando no los castigaban físicamente. “Crónicas de un maestro de escuela” (está en producción).


¿Qué papel ha desempeñado la poesía en tu vida?

En principio un papel marginal, tal vez algunas rimas en el colegio, y poco a poco fue haciendo parte de mis días, especialmente por boca de mi padre, quien escribía continuamente y me leía sus creaciones o la de algunos autores como Homero, Neruda o Benedetti. Escribí a partir de los doce años algunos versos que no me terminaban de agradar. Así como alguna música, la poesía requiere de un estado especial de ensoñación, que puede estar impulsado por cualquier emoción frente a la vida: el texto de textos.


¿Qué es lo más importante que enseñas a tus estudiantes?

Considerando la experiencia, no hay nada que uno pueda pretender enseñar a nadie, que ese alguien no quiera o se interese por saber. Cada quien se prenda de una idea, de lo que le atañe a su necesidad e impulso inmediato y vital. En este sentido, lo único que puede uno transmitir es el amor por el conocimiento, contagiar a sus estudiantes por el gusto de aprender; que comprendan quizá, que la cultura es algo por hacer, que en efecto, educar es un pensar acompañados, y para ser creadores, naturalmente. Bueno, podría añadir, sin embargo, que la vida es el primero de todos los aspectos a comprender y afirmar, y la naturaleza como un excelso regalo dentro de ella, espejo en el que nos deberíamos mirar más menudo.

¿Qué es lo más importante que te han enseñado tus alumnos?

Su espontaneidad y sabia locura, su imaginación sin límites, y su natural sentido libertario.

¿Qué sientes cuando has acabado de escribir un libro?

Es una extraña mezcla de sosiego y distensión, inmersas en una silenciosa gratitud. Una tormenta que amaina y da paso lento a un nuevo despertar. No se está en paz, hasta su culminación.

De los libros que has leído, ¿cuál es tu favorito, cuáles son tus amores-libros?

Pienso que en cada momento de la vida, uno se encuentra libros con los que se conversa de manera singular: de niño tuve los versos y hermosas fábulas de Rafael Pombo, (poeta colombiano), de joven Las Aventuras de Nils Holguerson, y luego El principito, y la saga de Julio Verne entre otros. Me agradan sobremanera las biografías de mujeres como Frida Kalo, Virginia Wolf; y podría citar todas las plumas que han abanicado mi alma en momentos y lugares cruciales. En Sinhué el Egipcio de Mika Waltari, me impresionó su canto a la soledad. Sin embargo, un libro sobre el que vuelvo una y otra vez es: La importancia de vivir de Lin Yutang.

Y de los libros que has escrito, ¿cuál es tu consentido?

Naturalmente. En literatura infantil es el primogénito.

He sabido que tu libro Naturalmente es muy leído en Colombia. Platícanos un poco de él. ¿Cómo nació, en qué te inspiraste, cómo lo han recibido los lectores, qué satisfacciones te ha traído?

A raíz de mi experiencia en educación, tuve la oportunidad de trabajar con párvulos (niños entre 4 a 6 años) con los que intenté dar “clases”, hasta que descubrí el increíble poder de los cuentos narrados y sobremanera los actuados. Tuve que inventarme historias, ficciones, absurdos, cuentos locos; con los que los niños se divertían mucho, al igual que yo. Así nació Naturalmente, luego de una salida a una granja con ellos. Pero definitivamente, los niños fueron la fuente de inspiración constante.
Hoy veo con beneplácito la gran acogida que ha tenido la historia con los niños. Lo más grato de este suceso, ha sido el encuentro con ellos en diferentes colegios donde han leído el libro. Te hacen preguntas, te miran con sus ojos muy abiertos, ávidos como esponjas que quieren absorber todo. Estos eventos son suficiente.

Del Diccionario de Guillermo López Acevedo

Poesía: es -a mi parecer- la voz más artesanal del lenguaje humano, cuyo vuelo sublime, ensillado sobre las palabras, y estas sobre las alas de la imaginación, crea caminos tapizados de metáforas, para que el viandante que ose hollar con su ser su camino, comprenda que entre luces y sombras, entre incertidumbres y momentos plenos, ella es el más sublime espejo entre la vida y el alma humana.


Juventud: ímpetu desbordado, vitalidad maravillosa pletórica de experiencias y chispazos destellantes, de la cual lastimosamente, empezamos a tener conciencia, cuando ya nos empieza a decir adiós.

Vida: el más grande bien que poseemos, y el primero a proteger y reafirmar. Se hace necesario vivir, por el simple hecho de vivir.

Felicidad: Una quimera, un instante, un momento pleno; y como señala hermosamente Eduardo Galeano en su Derecho al Delirio: “como el ave que canta sin saber que canta, y el niño que juega sin saber que juega”.

Escritura: ¡Un poema!