12 ago. 2010

Entrad todos conmigo, de Francisco Álvarez Velasco



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Entrad todos conmigo en este bosque,

porque en sus musgos tibios

acariciar podréis la suave axila

de nuestra madre tierra y su prohibido sexo.




Dejad rodar las piedras,

ya que vida es caer -así en los sueños-

por un espacio en sombra hasta un valle sin agua

que nos vuelve a sí mismo como un pozo

al fondo de este bosque.




¿Alguien está gritando nuestros nombres?

Sólo un amargo otoño nos rodea

y nos reúne el frío

en su hosco noviembre.




Y si la piedra cae hasta un interminable precipicio

-me refiero a la piedra donde nadie quedaba

a reposar su cuerpo-

y si el otoño avanza y caen las hojas

y llega su diciembre,




sabed: nadie nos llama al fondo de este bosque.