12 jul. 2008

Arturo Ortega Blake y el Disco de Nebra

Por María García Esperón


Círculo de Goseck

Con una intriga que haría palidecer al más avezado cineasta de Hollywood, aunado a un conocimiento profundo de la misteriosa edad de bronce europea y de la naturaleza humana intemporal, eterna, Arturo Ortega Blake entrega en Nebra, historia de los lectores de astros en la edad de bronce una obra tan misteriosa como su nombre, tan enigmática y perturbadora como ese disco de bronce con incrustaciones de oro descubierto en Alemania, llamado por los arqueólogos "disco de bronce con representación del cielo estrellado" y por el público "Disco de Nebra" -por el lugar de su hallazgo- y "Disco del cielo".



La arquitectura de la novela es literalmente una máquina del tiempo que sustrae al lector del vertiginoso presente y le impone el ritmo lento, signado por los astros, de la edad de bronce. La línea contemporánea y la increíblemente pretérita se funden a través del laborioso soñar de un adolescente neoyorkino que se llama Arthur, como el autor sí, pero también como la constelación en la que se encuentra la estrella Polar, guía de esos sedientos de astros que atraviesan el mar y sus propios terrores para arribar a la isla de los megalitos -¿Stonehenge?- a intercambiar saberes y enfrentar el conocimiento más sublime y la barbarie más atroz.

Si en la línea narrativa contemporánea el Disco de Nebra suscita asesinatos y persecuciones por poseerlo -en un thriller que pone al lector a sudar frío- en su tiempo original es un símbolo del conocimiento y de la comunidad que existe entre los hombres, los astros y los sueños. Ortega Blake dice que su libro "nació de innumerables artículos sobre el Disco de Nebra y el Observatorio de Goseck..." Indudablemente que investigó mucho, pero también soñó mucho, como lo hacen los niños y los profetas, trovando -encontrando- las verdades inmutables del cosmos.

La edad de bronce de Ortega Blake no es un parque temático ni una concesión a la espiritualidad cómoda del New Age que tan bien vende. Es una peregrinación al centro profundo de la psiquis, un viaje al corazón de los terrores, a la noche preñada de lobos, a la sangre y a las plantas de misterioso nombre... Es el nacimiento del lector a una casi insoportable belleza: la de una nueva y milenaria forma de amor.

(María García Esperón)


Arturo Ortega Blake.
Nebra. Historia de los lectores de astros en la edad de bronce.
México. Grijalbo. 2008


Disco de Nebra
Goseck

Fuente: Notimex

Combina en novela Ortega Blake historias arcaicas y de la modernidad


México, 8 Jul (Notimex).- Dos historias que confluyen en el plano de la arqueología y cuya narración tiende puentes entre épocas arcaicas y de la modernidad, dan forma a la reciente novela de Arturo Ortega Blake.

Por un lado hace referencia al disco celeste de Nebra, la representación más antigua que se conoce de la bóveda celeste y de los fenómenos astronómicos.

Se trata de un hallazgo arqueológico hecho en 1999 en el monte Mittelberg, cerca de Nebra (estado de Sajonia-Anhlat, Alemania). Es una placa de bronce que pesa cerca de dos kilos y tiene aproximadamente un diámetro de 32 centímetros. Pertenece a una cultura de tres mil 600 años, cuyos conocimientos de astronomía provenían de Babilonia.

Por otro lado, en un hospital de Nueva York, donde trabaja la doctora Elena Gardelli llega un hombre no identificado herido gravemente por un arma de fuego.

Luego, esa misma noche, un misterioso sujeto que miente sobre su identidad ronda por los pasillos del sanatorio, aparentemente preocupado por la salud del paciente. Al día siguiente, ambos individuos aparecen asesinados: uno en el hospital y el otro en la habitación del hotel.

Poco después, Gardelli es secuestrado y la doctora recibe una nota en donde le es exigida la entrega de cierta información que el herido llevaba consigo.

Es así como inicia Ortega Blake su novela, recreando tiempos antiguos, el rastreo de saberes arcanos, los recorridos por lugares exóticos y misteriosos, así como el descubrimiento de las profundas pasiones que signan los destinos humanos.

En la remota Edad de Bronce, Karlw, un joven del pueblo de Nebra, emprende un viaje no exento de tintes heroicos y episodios oníricos, con el fin de desentrañar el conocimiento de los legendarios Lectores del Cielo, cuyo legado sobrevive en Wari, un sabio de la aldea de Trimher.

Su grandeza lo llevará a adentrarse en la aventura del amor y a probarse a sí mismo como un hombre en el campo de batalla.

Dichas historias confluyen en el plano de la arqueología, donde antiguos objetos rituales parecen conservar su poder para fascinar a los hombres, al tiempo que desatan guerras a muerte entre quienes buscan conservar una herencia ancestral y aquellos a quienes nada les importa, sino saciar su ambición desmedida.

Nota en mx.news.yahoo
Nota en Vanguardia