12 may. 2008

Clavos de luna



Clavos de luna nos funden...
(Federico García Lorca)


En la mirada alquímica -y alquimia es el arte y la ciencia de la transformación- el alma es masculina (Animus) y femenina (Anima). Esas potencias se relacionan en un complejo juego de tensiones que se intensifican al percibir al otro u otra en el imperio de Eros.
Los alambiques y retortas internos, el baño de María la profetisa, los metales amigos y enemigos producen el elíxir y la escoria, asoman a la inmortalidad y sin piedad laceran.
Anima queda clavada en Animus con clavos de luna, el corazón se le rompe y libera una música que sí es la forma del tiempo.
Ahí está: el lugar donde los dos misteriosos -el ser terrenal y el ser inmortal- se funden.
Y todo ocurre ahora.
Todo pasa aquí.
Era cierto, el nunc stans, el instante eterno, el libre de goznes y articulaciones, el desalojado de minutos, el deleite, el saber completo...
Pero ya Animus se ha arrancado a Anima del pecho. Tal vez temió morir. Tal vez temió matar. A pesar de la coraza ha sido traspasado. Su fuerza ahora es mayor porque la ha probado.
Ella ha quedado ciega de tanta oscura luz. Los clavos se fundieron en Anima y desde entonces sangra lágrimas.
No se los quitaría por nada del mundo.

Imagen: Lamia. John William Waterhouse.