31 oct. 2007

El más hermoso libro...


...que he tenido en las manos es La rosa transfigurada de Ernesto de la Peña, en edición del FCE de 1999. La factura física del libro logra una alquimia sabia: evocar el aroma de la rosa, la que todos conocemos, de la que todos -también- hablamos, la que siempre -rosa de las rosas- está sola. El libro físico triunfa en la fusión de sensaciones placenteras.
En su rosa transfigurada, Ernesto de la Peña hace que la vida florezca en la palabra. El griego se dice en griego, Kuranan glykyn amfi kapon Afroditas aeidomenon... es vino dulce la lengua provenzal, ce est li romanz de la rose, y el español se enzarza en las espinas de la rosa-lenguaje- y las letras del alifato extienden sus lunas y diamantes para decir que ... Alá te ofrece el símil de una palabra provechosa como si fuera un árbol fértil, de raíz firme y ramas que llegan hasta el cielo.
Bajo la sombra de ese árbol me vi cuando en 1999 tuve el libro en las manos. Amanecí en la página 55 con la aurora de rosados dedos -Eos rododáctila- y en la página 187 me tuve que detener, fulminada de bellezas ante la línea que define al paraíso de Dante como un deslumbrante tratado de óptica. Había llegado a la rosa mística y no podía terminar de mirarla y no podía seguir leyendo el libro porque quería y quiero leerlo eternamente en el segundo interminable en que creí comprender lo que está escrito en el aroma, en el interminable segundo en que me mira -y no ha dejado de mirarme- la rosa inscrita en esa pupila, aquella tarde.