23 oct. 2007

Magia y videncia de Swift


Thus, gentle reader, I have given thee a faithful history of my travels for sixteen years, and above seven months; wherein I have not been so studious of ornament as truth. I could perhaps like others have astonished you with strange improbable tales; but I rather chose to relate plain matter of fact in the simplest manner and style, because my principal design was to inform, and not to amuse thee...

Temió perder la mente al final de su vida y su temor que no era sino videncia, se cumplió. Quiso ser animal político y acabó por ser un hombre libre. Nos vio como enanos, como gigantes, como locos prisioneros del intelecto desazonado, como salvajes, hediondos y feroces yahoos.
Muy pocos leen hoy a Johnathan Swift. Lo deslizaron en los estantes para niños, porque les pareció que divertía, pero los niños tienen hoy lecturas apropiadas y si también tienen suerte se encontrarán por lo menos a Gulliver iustrado en Lilliput y cercenado de sus otros viajes.
Iniciático Swift que se desdobla en Lemuel Gulliver como Cervantes en Don Quijote. Que se agiganta en Lilliput y se reduce en Brobdingang, que se lava de la infatuación intelectual en la Academia de Lagado y encuentra la humanidad en la tersa y fuerte sociedad de los caballos.
Inventó palabras de extraño poder. Prefiguró nuestras búsquedas en Internet y nos heredó la terrible imagen de historiar el sinsentido como hacían los huecos escritores de Lagado.
Temió perder la razón, quizá porque la había encontrado.