20 oct. 2007

Le Tombeau de la Chretienne


La luna se oscureció al levantarse en el poniente
cubriendo su nocturno sufrimiento.
Porque vio su bello nombre, Selene,
descender sin aliento al Hades
.
(Epigrama de Krinagorasis)

Manos desconocidas levantaron el monumento, lo hicieron africano y griego y romano y le dieron su nombre: la tumba de la Romana. Después se perdió España y dicen que la hija del conde Julián, la Cava Rumía fue enterrada ahí con sus tesoros y sus remordimientos.
La dominación francesa y otro Napoleón, el tercero, también obstinado con los Tolomeos lo convirtieron en le tombeau de la Chretienne.
Tal vez nunca sabremos si Cleopatra Selene reposa al lado de Juba II en las entrañas de esa estructura que se levanta en Argelia y se recorta al sol sobre su anillo de tierra. A los turistas del Mediterráneo les gusta y la fotografían para colgarla en sus blogs de viajeros.
Les cuentan la historia de aquel gobernante musulmán que quiso saber qué había dentro y encontraron un nido de avispas y un operario sucumbió bajo el ataque en nube de los insectos. La empresa se detuvo pues comprendieron que los guardianes de la muerte custodiaban el aliento de la luna.
Luego llegó algún ministerio de arqueologías, con cepillos, escáneres y mapas y la tumba fue abierta, aspirada y explorada...
Dicen que dentro no hay nada.
Pero es que no saben mirar.