1 nov. 2007

Al comprar un diccionario árabe español



Cabe en una mano.
Lo había buscado muchos días hasta que lo encontré en la librería Rosario Castellanos. Forma parte de la oleada andaluza del año pasado. Entre uno suntuoso con una mano de Fátima de oro en la portada, dedicado al árabe marroquí, y otra joya para favorecer la traducción de textos clásicos andalusíes, este pequeño tiene un talante de obrero. Se ve apurado, como si tuviera poco tiempo para decir lo que quiere decir.
Lo abrí a la occidental sin recordar que Oriente tiene otras direcciones de lectura. Cuando lo abrí hacia la derecha y entendí su santo y seña: arabí al isbaní... comprendí las razones de su apuro, de su austero empaque, de su brevedad.
Es hijo de la inmigración. Es para aprender a nombrar de prisa, para cobrar un cheque, para ir a un hospital, para pedir un pedazo de pan o un vaso de agua... para hacer ese camino de regreso a una España que se niega desde el Moro, desde una miseria que no sueña más que dejarse atrás para sobrevivir.
España se cierra pero también ha de apiadarse. Y muestra de su piedad es ese diccionario, tan breve, tan poca cosa, tan barato... que vino a México en una ola andaluza y te lo juro, cabe en una mano.