29 nov. 2007

Entre la vigilia y el sueño


Foto: Erika Corral


Entrevista de Maribel Rosete para la Librería Porrúa.

¿Qué te motivó a escribir Querida Alejandría, una novela que retoma los acontecimientos históricos de culturas tan lejanas a la nuestra?

Me motivó la misma Cleopatra Selene, cuando la descubrí asomada al balcón de los sueños de la Historia en la biografía de Emil Ludwig sobre Cleopatra Séptima. Te puedo decir que sentí claramente que esa niña del siglo primero a.C me pedía que contara su historia. Y que esa cultura es tan nuestra como de un italiano, un griego o un egipcio: es nuestra tradición, nos constituye también. Son nuestras palabras, nuestros mitos, nuestros sueños.

¿Por qué decidiste tomar como personajes de tu novela a los hijos de quienes protagonizaron parte de la realidad histórica de Roma y Egipto?

Porque ni los historiadores romanos vencedores, ni los historiadores de la Edad Moderna ni el genial William Shakespeare ni los maestros de la novela histórica de los siglos XIX y XX, ¡vamos!, ni los cineastas de Hollywood –autores de la épica moderna- tomaron a estos niños, y después adolescentes, como figuras centrales de ninguna obra.

¿Qué tan complicado fue mezclar la realidad con la ficción, en qué momento decidías hasta aquí es realidad y continúa la ficción o viceversa?

Seguí puntualmente la historia romana. Una historia con la que estoy familiarizada desde que era niña. Simplemente quise narrarla a través de una joven conciencia femenina que recuerda: Cleopatra Selene. Quise hacer arqueología del alma y cuando me encontraba alguna laguna en los hechos históricos, la llenaba con el licor de la Memoria poética. Fue un proceso fascinante: realidad-ficción, casi sin disolución de continuidad.

¿Cuál es el mensaje principal que María García Esperón quiere transmitir al lector en esta novela?

Que podemos estar condicionados por muchas circunstancias externas: la guerra, la separación, la muerte... pero que tenemos el poder de dar a nuestra propia vida el significado que queremos, de elegir nuestro propio mundo, de construirlo... a través de ese instrumento portentoso que es la palabra, las palabras. En el exilio, Cleopatra Selene elige escribir a su ciudad para vivir los valores de Belleza, Conocimiento y Libertad que simbolizaría la perdida Alejandría.

Con la intención de conocer más acerca de María la escritora, platícanos ¿cuándo es que decides iniciar tu camino en el mundo de las letras y por qué?

En dos momentos: cuando aprendí a leer a los 5 años y quedé secuestrada para siempre por los mundos infinitamente ricos que guardan los libros. Y muchos años después, cuando tuve el privilegio de redescubrir esos mismos mundos a través de los ojos de mi hijo. Entonces, después de mis 40 años de edad, la necesidad de escribir se me manifestó de una manera casi orgánica, hundidas sus raíces en esos mundos misteriosos, en los que, como diría Saint Exupéry: se aprende que “lo esencial es invisible para los ojos”.

Continuando con esta temática, trasládanos a tu ambiente de creación, a ese espacio en el cual tus ideas fluyen y quedan plasmadas en tus escritos. Háblanos de lo qué te inspira a escribir, de cómo lo planeas y cómo lo llevas acabo.

Desde el momento en que estoy leyendo un libro ya estoy escribiendo uno... en algún espacio de mi mente. No necesito más ambiente que un libro en las manos. No hago fichas ni notas ni esquemas... solamente la certeza de que lo que voy a escribir preexiste necesariamente en algún lado y sólo lo tengo que encontrar y trasladar a palabras. En el caso de las novelas históricas, como Querida Alejandría, El Disco del Tiempo, El Disco del Cielo, el Disco de Troya, Sibila o Mi abuelo Moctezuma..., sólo me he levantado a cotejar datos y fechas; y sí, me vienen los diálogos y las descripciones a la cabeza más rápido de lo que escribo. Los nudos gordianos y los callejones sin salida a los que te lleva tu misma narración, los soluciono en ese lugar a medias entre la vigilia y el sueño: A punto de dormir, con la cabeza en la almohada.

¿Cómo defines a María García Esperón la mujer, la madre y esposa, y por su puesto, la escritora?

Como alguien que tiene una conciencia exacerbada del significado del instante, de lo precioso del presente, de la oportunidad que significa estar vivo. Y claro, de la riqueza infinita de las personas con las que vivo y a las que quiero. No solamente mi familia y amigos, sino los seres humanos del pasado a los que amo apasionadamente: Pericles, Platón, Sócrates, Julio César, Miguel Ángel, Simón Bolívar... De broma digo que tengo un novio en cada siglo. Eso, sin contar a los personajes de “ficción” como Don Quijote, el capitán Nemo y Sandokan.
A veces he pensado que me tocó estar llena de ojos, como si tuviera la piel ocelada, y que eso me hace percibir la fugacidad de la vida –que curiosamente es su eternidad- de una manera muy dolorosa pero también privilegiada. El único cauce para este torrente es la escritura.


Finalmente, ¿cómo invitarías y contagiaría a más lectores mexicanos a disfrutar del encanto de un buen libro?, sobre todo, tomando en cuenta que en nuestro país, prácticamente no se lee.

En mi caso, tengo la pasión necesaria para contagiar al más remiso, convencerlos de que el libro que eliges es el libro que te elige y a quien vas a encontrar en esas páginas es a ti mismo... pero en espléndido. Así que oportunidades de diálogo como ésta no son un grano de arena, sino un tsunami que puede involucrar a muchas personas deseosas de conocer los mundos de emoción, belleza, imaginación, memoria y aventura que aparecen en cascada cuando abres las página de un libro.