25 ago. 2007

Reseña de Querida Alejandría


Artículos en torno al mundo de Querida Alejandría, en el siguiente enlace:

Una historia del siglo I a.C. para el siglo XXI


Por: Víctor Manuel Torres
03/06/2007


Yo también soy Cleopatra

Título: Querida Alejandría
Autora: María García Esperón
Editorial: Norma
Colección: Zona Libre
México, 2007
145 pp.


1 Galardonada con el Premio Norma Fundalectura 2007 —que año con año reconoce a la mejor obra de literatura infantil y juvenil en América Latina—, esta novela de María García Esperón es en realidad, como todas las cartas, un puente.


Presentada en forma de una extensa misiva, Querida Alejandría es el testimonio vivaz —a veces feliz, casi siempre melancólico— de una niña de catorce años, atrapada en circunstancias cuya resolución escapa a su joven arbitrio.


Este testimonio establece un lazo poderoso entre quien lo escribe, Cleopatra Selene —hija de la más famosa de las reinas egipcias, Cleopatra Séptima, y de Marco Antonio , el aguerrido general romano— con Alejandría, ciudad insignia del mítico Alejandro el Grande.


La joven dirige sus palabras a este pueblo, no sólo por el profundo amor que siente por él, sino también por un discreto e inconsciente deseo de trascendencia.
Lo que resulta es una espléndida y solvente narración ficticia, pero habitada por hechos históricos verdaderos, que brinda la singular perspectiva de la protagonista: una niña atribulada por su condición de reina-esclava, en brazos de Roma.


Sin duda, el mayor mérito de la autora de esta luminosa novela se encuentra en la técnica narrativa que utiliza: nunca pierde ese tono íntimo y sagrado que guardan las relaciones estrechadas por el cruce de cartas entre personas que se prodigan afectos y secretos.


Sin embargo, esta obra también detenta otro mérito importante: rescatar del olvido a un personaje —Cleopatra Selene— que, como su nombre lo indica, reflejó como una luna la luz de su pueblo exactamente como Selene refleja la luz del sol, conjurando de esta manera las sombras que habitan la noche de los tiempos.

Fuente: Columna En el Buró. Periódico Nuevo Excelsior