1 ago. 2007

Alejandría en el Palacio de Hierro


Los alejandrinos del primer siglo antes de nuestra era se hubieran sentido en su ambiente esa tarde lluviosa del 30 de junio de 2007 en que la Librería Porrúa y Editorial Norma presentaron mi novela “Querida Alejandría”. A los alejandrinos les gustaba detenerse a hablar de literatura, filosofía y cosmología mientras revisaban el entramado de alguna fina tela en el mercado o sopesaban la calidad de un rollo de papiro.

De papiros y de libros, de bibliotecas y sueños conversamos esa tarde. La presentación fue organizada espléndidamente por Columba Domínguez y Tere Bernal, de Librería Porrúa y corrió a cargo de Gloria Silvia Pérez del Valle, presidenta de la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Alejandría y de Lorenza Estandía, editora de Literatura Infantil y Juvenil de Norma. El personal del Palacio de Hierro armó un escenario espectacular en el que los libros lucían como joyas: la portada granate del libro atraía a los numerosos clientes de la tienda, quienes casi sin darse cuenta se encontraban subidos en la alfombra mágica de la palabra y la evocación de la perdida Alejandría.

Alejandría encontrada en el diálogo entablado, en las referencias a Cleopatra y Antonio, a la Historia, la Arqueología y la Memoria. Asombro de poder participar, a través de la palabra, en los acontecimientos del pasado, en recrearlos y darles sentido. Considerar el destino de la protagonista de la novela, Cleopatra Selene, como el de alguien muy próximo y entrañable, como la niña que al escribirle a su ciudad perdida convierte a los lectores en sus confidentes.

Presentadores y público tomamos el tono de la confidencia, de la confianza y nos vimos sentados y parados en semicírculo, a la manera de un teatro alejandrino, respirando las brisas de la imaginación y tendiendo entre nosotros esos lazos de amistad y de conocimiento profundo que disfrutan quienes han leído, comentado y enriquecido el mismo libro.