7 sept. 2008

Lo griego en lo celta



La epopeya artúrica fascina por sus múltiples facetas, por los hilos en los que se rastrea la riqueza de sus fuentes. Si el nombre del legendario rey puede rastrearse en el griego arktos y en el galés arth y ambos términos significan oso, emblema además de los clanes guerreros, el episodio que da cuenta de su concepción es la traslación puntual de la fábula griega que narra la concepción de Hércules.

Zeus desea a la reina Alcmena y para poseerla, toma el rostro y la figura de su marido Anfitrión. El dios hace que la noche en que ama a Alcmena tenga la duración de tres noches. Nace el héroe y por castigo de Hera celosa no puede gozar de las blanduras del hogar materno ni heredar el reino, sino que debe servir al odioso pariente Euristeo.

Uther Pendragon, ayudado por Merlín, toma la figura de Gorlois, duque de Cornualles, para poseer a la mujer de éste, Ygraine. Arturo, "el de la cola de oso" por su griega etimología, es concebido esa noche, que es la misma noche en que muere el duque.

La hondura celta añade a la fábula griega ese detalle misterioso, perturbador, ese eros y ese thanatos de Ygraine que se cree amada por un esposo que ya ha muerto. La hondura celta, además, conserva el tiempo humano, pues la noche del amor y de la muerte es tan efímera como el día que la precedió.

En la imagen: Merlín y Viviana, en la visión de Doré.