5 ago. 2008

Viaje al centro de la Tierra: una película guiada por un libro





En 1864 Édouard Riou ilustraba la novela Viaje al centro de la Tierra, uno más de la serie de los Viajes Extraordinarios del genio de Nantes. En 2008 sus ilustraciones y el texto constituyen la guía de una película en la que se hace justicia al espíritu verniano por la admiración y humildad con que sus creadores abordaron la titánica empresa de filmar a Verne.

El libro de Verne es la guía de un espectador para el que lentes de tercera dimensión y dinosaurios ya no constituyen ni novedad ni asombro. Es el texto mismo, es el mundo interior del ilustrador el que se levanta de ese filme de 2008 como novedad y como asombro.

El asombro de encontrar un mensaje cifrado entre las páginas de un libro (¿te ha pasado? A mí sí). Arne Saknussemm atrae a Lidenbrock y Lidenbrock a los lectores de los siglos XIX y XX que se fueron convirtiendo en espectadores, videntes de secuencias del siglo XXI que vuelven a ser atraídos al libro y a su fundamento: las lecciones de abismo. Viaje al centro de la Tierra es una de las cadenas de metáforas más asombrosas que haya creado el ser humano. Es la proyección de un espíritu que se eleva abismándose, que se despliega contrayéndose, que se funde con los minerales, gases y fluidos del planeta y que los humaniza al enunciarlos, los convierte en hermanos, aliados, en signos plenos de sentido.

Arne Saknussemm y Lidenbrock y el sobrino son personajes magníficos, entrañables para muchos... pero el principal personaje de este Viaje verniano es la Tierra misma, su corazón, su vientre, su centro. La materia de Verne -ese escritor de la ciencia- no es inanimada, sino plena de animación, de ánima; la experiencia de la materia que nos brinda ese escritor de la ciencia es religiosa en sentido original: la re-ligación hombre-materia.

En uno de los momentos más altos -cuanto más profundos- de la novela, los personajes deciden seguir el camino del agua. Al fluir siguiendo sus íntimas leyes, el agua los llevará a su destino: el centro de la Tierra que no es sino el corazón del hombre, el conócete a ti mismo enunciado por minerales y rocas y gemas y bosques de setas y criaturas jurásicas y por el gran ausente en la película de 2008 y que es otra de las genialidades de Julio Verne: el ser humano, el remoto ancestro, el hombre antediluviano que los personajes descubren con el mismo temor sagrado con que Ulises, ese otro verniano, se miró a sí mismo en el tenebroso ojo del Cíclope.


Ilustraciones de Édouard Riou para Viaje al Centro de la Tierra (1864), aquí: jv.gilead.org.il