19 ago. 2008

El Palacio de Ilión y la Villa Ariadna


En 1881 Heinrich Schliemann inauguró en Atenas un edificio portentoso: el palacio de Ilión, el Iliou Melathron concebido por el arquitecto alemán Ernst Ziller y por él mismo con el objeto de albergar su colección troyana y de dar forma a su sueño homérico. Sobre sus muros hizo escribir resonantes frases griegas, recibió a jefes de estado y eruditos y siguió soñando grandezas.



En 1906, Arthur Evans, admirador de Schliemann y descubridor de la civilización minoica, construyó en el terreno cretense que había comprado para excavar el laberinto, su Villa Ariadna. En ella dialogaba con sus colegas hasta altas horas de la noche y en ella lo sorprendió un sismo que le hizo escuchar el mugido del toro de la tierra y comprender las raíces telúricas y misteriosas del antiguo mundo que había descubierto.




En la actualidad, Iliou Melathron es sede del Museo de Numismática griego. La Villa Ariadna sirvió para que, durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes establecieran sus cuarteles.

Schliemann y Evans fueron soñadores poderosos. Encontraron lo que soñaban -el tesoro de Príamo, el oro de Micenas, el Laberinto de Minos-, dieron materia al sueño y elevaron construcciones que dan testimonio de sus respectivos caracteres: la monumentalidad alemana de Iliou Melathron, el romanticismo inglés de la Villa Ariadna. Ambos cumplieron sus citas a través del tiempo: Schliemann con los héroes y reyes aqueos, Evans con una princesa abandonada en una isla por un héroe ateniense...