24 nov. 2013

Últimos descubrimientos en Teotihuacan


Tres pirámides. Tres gigantes. Tres misterios.
Con ese idealismo con que tendemos a considerar el pasado, pensábamos que la de Teotihuacan era una sociedad de flor y de canto, alejada de los sacrificios humanos y de los tambores de la guerra.
Los últimos hallazgos en las pirámides de la Luna y de Quetzalcóatl nos muestran una sociedad que hizo de la guerra, como los aztecas, su justificación mística.
Más de 130 sacrificados ha revelado la pirámide de Quetzalcóatl. Altos dignatarios y animales fieros en la pirámide de la Luna. Un pectoral que remata en la imitación de mandíbulas humanas.
Pero también los gigantes poco a poco develan la gran sabiduría que del cosmos y el calendario tuvieron las altas civilizaciones mesoamericanas. Si ya nos admiraba la cueva en forma de flor de cuatro pétalos bajo la pirámide del Sol, este asombro llega al paroxismo con los últimos descubrimientos en el templo de Quetzalcóatl, el pasadizo subterráneo que asombró a los arqueólogos con su resplandor de pirita, y las tres cámaras que la exploración a través de robots ha revelado, las esferas también de pirita cuyo uso y función son un misterio... centenares de objetos hallados en el túnel, ahora guardados en cajas y que serán estudiados metódicamente, pero que ya desvelan nuestra imaginación y nuestra ansia de mirar de frente el rostro de Teotihuacan, la ciudad donde los hombres pueden convertirse en dioses. (MGE)

Fotos tomadas en la exposición Teotihuacan.Tres pirámides en el paisaje ritual. Museo del Templo Mayor. Noviembre 2013