8 dic. 2010

La dama peregrina, de Rogelio Blanco

Luego frenar la esperanza es paralizar la historia, 
detener el dinamismo creador del hombre es paralizar el futuro.
Rogelio Blanco. La Dama Peregrina


¿Terminé? de leer o de beber La dama peregrina, de Rogelio Blanco, en el ejemplar que dedicado por el autor me hizo llegar Asunción Carracedo desde León, en un día embebido de sueños desde el alba a la media noche. Si un libro debiera leerse a voces que se releven incesantes, y pasar de mano en mano en el país que habito es este manantial de esperanza.

Rogelio Blanco nos ha entregado, no un corpus de pensamiento ni un glosario filosófico, sino la pasión de una existencia. El aliento, la mirada, la sed y la fuerza infinitos de María Zambrano crecen en estas páginas como la yedra de su simbólica, se proyectan en la mejor de las amenazas, la de la esperanza en ese algo que  "en el ser humano trasciende y escapa la sociedad en que vive".

En México, mi aquí,  necesitamos desesperadamente el futuro en la definición de la filósofa: "el tiempo que el hombre necesita para mudarse de casa" (p. 102). Nos tenemos que mudar, si no de espacio ni de tiempo, del modelo de sociedad en que más que vivir nos hacen vivir, donde la historia trágica y sacrificial (¿cuántos muertos faltan en esta guerra civil no declarada?) ha de ser humanizada desde sus adentros.

Y esos adentros somos nosotros. No podemos renunciar a la historia. Su dimensión nos constituye. La debemos construir y protagonizar, despertar la conciencia cauterizada ante esos ríos de sangre que corren por el cuerpo de México y emprender el exilio hacia la utopía.

"Toda utopía es, pues, topía", dice Rogelio Blanco en la página 79, siguiendo la palabra, la vida, la utópica topía de la filósofa. "La utopía es un acto onírico y osado del hombre". Sueño audaz o audacia soñada, el exilio valiente de Zambrano al leer este libro en estas coordenadas geográficas se revela como la única empresa posible, la única, la primera, la última cruzada. 

Pordiosera o peregrina, María Zambrano de Rogelio Blanco regresa a este país -donde estuvo a fines de los años treinta del ya pálido siglo XX- de cuerpo entero porque quizá sea donde más se le necesite, porque se requieren peregrinos y pordioseros del ser que se desprendan de sí, que regalen "jícaras de humanidad" a sus semejantes, que aparten la tierra y siembren un árbol de intenciones y labores al que se abrace inexorable la yedra de la esperanza.

Rogelio Blanco en el momento de dedicarme su libro a petición de Asunción Carracedo.
Gracias a David, el hijo de Asunción, por tomar la foto y regalarme este momento.


Rogelio Blanco, La dama peregrina
Editorial Berenice, España. 2009